Después de la tormenta llega la calma, a veces calma tranquila, otras calma atormentada que grita callada en el corazón del hombre. Corazón que decidió enjaularse por miedo a lo ajeno, por temor a ser visto. Corazón apresado, hecho a sí mismo jaula donde los pedros ladran, mordiendo a veces. Abramos las cancelas, aunque entre el calor y la tierra de este mundo agostado; aunque el frío queme, como escribe Mario. Abramos, con Juan, las ventanas, que el miedo es un cáncer que se cura con el viento.
Un espacio de reflexión que incluye opiniones, pensamientos, reflexiones, certezas y creencias que no tienen por qué ser ciertas, pero que son mías. Soy misionero. Soy cura. Intento creer...