Somos las personas seres en constante proyección, animales ficticios. Tenemos la habilidad extraña de vivir en lo que todavía no somos, aunque para ello debamos olvidar lo que sí fuimos: pasado, historia, carne, infancia. Y es por ello que tememos la muerte, porque ella pone límite a la ficción, y porque no sabemos refugiar el corazón en el agradecimiento que brota –espontáneo- cuando descubrimos la realidad mayor, la ficción suprema: el día anterior al día en que, ¡por fin!, fuimos… (Recordando a un amigo y su enfermedad...)
Un espacio de reflexión que incluye opiniones, pensamientos, reflexiones, certezas y creencias que no tienen por qué ser ciertas, pero que son mías. Soy misionero. Soy cura. Intento creer...