Hay muchos tipos de idioteces: idioteces aisladas y extendidas, idioteces ignorantes y de buena voluntad; idioteces disimuladas y silenciosas, idioteces deslenguadas e irreverentes; idioteces sociales, políticas y económicas; idioteces repetidas, idioteces permisibles y hasta comúnmente aceptadas; idioteces que hacen reír, idioteces que molestan, y las peores de todas, las idioteces idiotas, las que doliendo y jodiendo, tambalean las propias ideas, convicciones y creencias, y las destruyen y las cambian, y las purifican, y en ocasiones hasta las hacen más fuertes. En el mundo de las idioteces, en la sociedad idiotizada, en la Iglesia, también y por qué no, bañada de idiotez, emergen mujeres y hombres como yo: iluminados y ambiguos, críticos espectadores del circo del idiotismo, charlatanes malhumorados, idiotas participantes.
Un espacio de reflexión que incluye opiniones, pensamientos, reflexiones, certezas y creencias que no tienen por qué ser ciertas, pero que son mías. Soy misionero. Soy cura. Intento creer...