Cuentan que no hubo otro como él. Era amante de la verdad objetiva. Mentía por miedo a que sus verdades fueran incomprendidas o rechazadas. Y, sobre todo, dudaba. Pasó la vida dudando. Siempre dudaba y dudaba de todo. Dudaba del maestro y de los libros, de la prensa y la radio. Dudaba de las historias de su abuelo y de los frutos de temporada. Unos jóvenes le preguntaron con sorna si no dudaba del suelo que le sostenía; él reflexionó detenido, y desde aquel día lo vieron caminar prudente y despacito. Por dudar, dudó hasta de su propia muerte, y algunos testigos confirman -no hay lugar a duda- que siguió respirando tras el último aliento. Justo hasta que los médicos que le habían dado por muerto decidieron darle de nuevo por vivo. Entonces, victorioso y vivo, se marchó con orgullo sobre sus torpes pasos. El menor de sus hijos recogió el testigo de la duda. Sin embargo, los años pasan y él no parece mostrarse tan hábil. Duda de muchas cosas, es verdad, pero aún no ha ...
Un espacio de reflexión que incluye opiniones, pensamientos, reflexiones, certezas y creencias que no tienen por qué ser ciertas, pero que son mías. Soy misionero. Soy cura. Intento creer...