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Mostrando las entradas etiquetadas como Interioridad

Necesito caminar

Hoy me siento un poco raro, torpe, vacío, ocioso, lejos; Necesito silencio, reflexión, ideales, amor, Dios. Necesito que me recuerden quien soy y tomar de nuevo conciencia de la historia; Volver a mirar al pasado y al futuro, escapar de la huida del presente y mirar en profundidad,    contemplar al hombre,       contemplar a Dios. Necesito aceptar mis límites y necesidades; Necesito tiempo y también paciencia. Necesito salir, tomar aire fresco, contrastar mi vida, comparar, colorear y esbozar una sonrisa; Caminar a tu lado, vivir la paz y la alegría; Conocer otros rostros, descubrirlos de veras; Navegar por tu cuerpo y que navegues por el mío, sin miedos ni disculpas. Abrazar la tempestad, bajar las escaleras, armonizar nuestras palabras, vaciarlas de un vacío tan denso que no deja espacio a la verdad,    a la verdad de la vida,       a la verdad de las cosas. Y caminar, siempre caminar hacia...

Desarraigo

Mi pueblo, mi patria, mi tierra... Mi pueblo a veces no me parece más que gente muy sola. Mi patria ha estado tan dividida que no sé en qué lado me quedé, si es que me quedé en alguno. Mi tierra es de cemento y deja salir, pero no entrar. Mis  raíces cruzan el charco. Y mi bobo corazón, no sabiendo dónde latir, lo hace con los sin pueblo, los sin patria, los sin tierra, exiliados, extranjeros, emigrantes, deportados. Mi pueblo, mi patria, mi tierra... La imagen es una muestra de la obra de Quely Scherman , bonaerense residente en Israel, cuya obra se refiere a las vivencias sociales.  http://fis.ucalgary.ca/ACH/Registro/Quely_Scherman/

La noche

Desde que crecí en años y autonomía, que no digo libertad, nos hicimos amigos. Nuestros primeros encuentros fueron fortuitos, es cierto. Yo dejaba el estudio para el final, y siempre acabábamos encontrándonos. Recuerdo más de una ocasión en que nos despedimos, sin haber dormido, justo cuando el sol, invisible pero cercano, lanzaba sus primeros rayos. Hemos vivido tanto. Cada día, desde aquella época, al amanecer me siento desorientado. Yo no la encuentro y ella no me deja buscarla. Debo confiar en que aparecerá, igual que un niño confía en que, llegado el tiempo, su madre volverá y lo sacará de la escuela. Igual que un anciano quien, encerrado en el claustro de una cama con barandas, tras preguntar cada noche si alguien le despertará al día siguiente, espera. Duerme y espera. Aun no viéndola, ella está. Me acompaña en silencio durante la jornada, discreta, sigilosa, humilde. Y llegado el momento, es también ella quien roba la luz al día para, lejos de apagar, transformarla en antor...