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Mostrando las entradas etiquetadas como Educación

No te rías si te hablo del satisfyer

  Nutrición, relación,  fin de curso. Nutrición, relación, fin de curso. Nutrición, relación, fin de curso. Año tras año, el mismo maldito orden en el temario de Biología y Geología. El destino -por no culpar a nadie- que mantenía a los alumnos a la espera de llegar por fin al tema tabú, el que despertaba las reveladoras sonrisas, el sexo. Bueno, sí, oficialmente "reproducción". Pero para todos, el sexo. Tantas cosas han cambiado. Las escuelas se llenan de letras que se explican con más normalidad cada vez. La L. La G. La T. La B. La I. Y hasta la A y la Q en ocasiones. ¡Lo que saben los niños de hoy en día! Todo cambia, y es necesario que seamos nosotros los que cambiemos. Si no, lo harán otros. Y una manera de cambiar es vencer los tabús, las risillas tontas que insinúan curiosidades no resueltas, miedos escondidos y culpas estancadas. Yo ya he empezado. El otro día, sin ir más lejos, en una conversación con adultos, usé la palabra de moda: "sa...

Tiempo de exámenes

Dos veces al año se detienen las clases para la realización de los exámenes. Se lamentan los estudiantes ante tal irrupción repentina. Lo hacen también sus hermanos pequeños, quienes tendrán que jugar solos. Protesta el trabajador por la buena vida del maestro. Replica el docente cansado de correcciones, malas letras y reuniones. La doctora dobla turno ante el auge de ansiedades. Y la máquina de café, vieja y cansada, espera su aniversario con el dolor de una pregunta sin respuesta: ¿cuándo me jubilarán? Entonces, olvidados, los pobres apuntes, libros, pdf´s y papeles, a menudo amontonados, siempre odiados y enemigos, gritan desgarrados al cielo. Tienen mucho que decir. Les dejan decir muy poco. Por cierto, mucho ánimo a los "cerrados por exámenes", ¡¡y no olvidéis las tres R´s!! (Reducir, Reutilizar, Reciclar).

La paradoja de la manzana

La vida está llena de paradojas, y creo que en el símbolo de la manzana se resume una bastante común. La paradoja de la manzana. Mi nacimiento no fue tan peculiar como el de Gila (“ mamá, que he nacido ”). Algunos se alegraron, y la mayoría permaneció indiferente. Yo era muy distinto por aquel entonces (finales de los 80). No sufría por tener que levantarme temprano, y tampoco me gustaba quedarme trabajando de noche. No entendía a los filósofos. Ni siquiera sabía leer. Solamente entendía a mi abuela con sus expresiones de abuela: como ese sonoro “ ajajayyyyy ” acompañado de un rápido “ qué-bonito-es ” y de asfixiantes muestras de cariño. De hecho, tardé unos meses llegar saber qué era eso de “ qué bonito es ”. Todo era muy sencillo en los primeros tiempos de mi vivir en la tierra. Yo no tenía dientes, pero tampoco me hacían falta. Todo lo que me daban era líquido. Primero leche y agua, después un rico batido de manzana y plátano. Poco a poco la cabeza me fue creciendo. Yo no paraba...