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Mostrando las entradas etiquetadas como Misionero

Zapatos Gastados

 Recuerdo con qué esfuerzo mis dedos aprendían a atar los cordones de los zapatos, y la ilusión de tener unos zapatos nuevos, y la novedad que supuso recorrer, por vez primera, el camino a la panadería; Y recuerdo que no fue pan rallado lo que compré, sino queso, y me recuerdo deshaciendo el camino andado. Zapatos, caminos, años. Recuerdo caminar apresurado a casa, en busca de un par de zapatos con los que jugar al fútbol, fútbol que jugué tantos años. Correr, buscar, olvidar. Recuerdo los caminos ocultos de quienes hace ya años gastaron sus zapatos corriendo en busca de los olvidados que morían sin compañía. Gastar, acompañar, morir. Recuerdo a hombres y mujeres, amigas, hermanos; a quienes se les gastó la vida    y murieron,       y se fueron, y siguen,    de otra forma,       acompañándonos. Seguir, vivir, irse. Y vivir es seguir yendo, seguir gastando zapatos, jugando al fútbol, corrien...

Divagación Ordinaria

Las personas extraordinarias hacen de lo ordinario (un beso, una caricia, una presencia) una experiencia extraordinaria con la que llenan la vida; Las personas ordinarias llenan con lo extraordinario (una presencia, una caricia, un beso) la bolsa de basura que sacan en la noche, sin revisión ni reciclaje. Las personas extraordinarias esconden sus virtudes tras su rostro humano y defectuoso; La virtud de las personas ordinarias es la de ocultar su defectuoso y humano rostro en el ambiente festivo de un carnaval veneciano. Las personas extraordinarias comparten sonrisas y cuentan cómo soñaron sus sueños; Las personas ordinarias escuché que a veces sonríen imaginando que ya descubrieron aquello por lo que soñar. Las personas extraordinarias, como las ordinarias, creen que son lo que parecen, pero ni unas ni otras creen bien, pues no parecen lo que son: las unas parecen otras, las otras parecen unas, y viceversa o al revés. Fotografía de Pedro Cas...

Lo grande a menudo se esconde

Encuentro de Claretianos de la provincia bética Vivo en granada, en una comunidad de misioneros, junto a 30 claretianos más. Por un lado, jóvenes de áfrica, europa y asia; por otro, formadores, capellanes, sacerdotes de una parroquia, profesores de la facultad,...; por último, los misioneros mayores de esta zona del mundo (provincia bética). Pues bien, el viernes pasado, mientras desayunábamos, alguien comentó que uno de los mayores, el hermano Pedro (Pedrito), había pasado muy mala noche y se encontraba enfermo. Él tiene bastantes años (87), muchos achaques y alguna enfermedad. Quizá no sea él quien acuda a la mente de quien escucha la palabra misionero, más fácilmente asociable a un hombre de unos 40 o 45 años, residente en áfrica o américa latina y fundador incansable de escuelas y comedores sociales, viajando de un lado para otro con su Land Rover destartalado entre jirafas e hipopótamos. Pero no siempre es así. Las cosas grandes que conmueven a tanta gente (sea en docume...