Te noto callado, me dice esta tarde la vida. Callo porque me es difícil dar palabras que, denunciando a otros, me inculpan en primer lugar. Callo por no decir, y ante todos callo: Callo ante el rico que no creerá su injusticia por mis difusas palabras ni por mi vida borrosa. Callo ante sabios y fuertes, no sea que descubran la dosis de envidia escondida en el lenguaje, disfrazada de letras y sonidos. Callo ante el mundo enfermo que no ayudo a sostener. Callo ante el grito que me lanzan mis propios sueños. Callo, sobre todo, ante el pobre que juzga con ojos de silencio mi indiferencia. Y en el silencio humilde nace, como fuego, el deseo de cambio, y crece una nueva forma de ver, de situar cerca lo que es real. Callo y mi corazón resuena. Callo y una voz me habita. Callo y tu presencia bombea con fuerza palabras que son de verdad. Las escucho, no las creo, y callo. Cuando las crea seguiré callado, pero entonces hablará mi rostro.
Un espacio de reflexión que incluye opiniones, pensamientos, reflexiones, certezas y creencias que no tienen por qué ser ciertas, pero que son mías. Soy misionero. Soy cura. Intento creer...