100 metros separaban aquellas tiendas. En una, sin más presentación que
una luz sugerente y una joven a la puerta, entraba un gordo que rondaba
los 60. En la otra, ya a punto de cerrar, no quedaba nada ni nadie. Sólo
la dependienta y un cartel sobre la puerta: "Alta Peluquería Canina".
Qué pena de joven. Qué pena de viejo. Qué pena de paseo. Sólo la imagen
del papa caminando por las chavolas italianas me devolvió algo de luz.
Jesús, sin duda, debía andar por allí...
Nada me ha enseñado más en la vida que guardar silencio ante la muerte joven. Ni pésames ni protocolos. Tan sólo amar en la noche. Te quiero Kiko. Sufrimos tu partida. No sufras tú nuestra pena. Al final, nos quedará tu sonrisa. "Kiko, como familiarmente le llamábamos, había nacido el 25 de septiembre de 1985 en Shanxi, China. Tenía, por tanto, 27 años. Era el menor de cuatro hermanos. Se preparaba con ilusión para emitir su primera profesión en septiembre. Pidamos al Señor y al Corazón de María por su eterno descanso y pidamos también, de manera especial, por sus padres y hermanos en estos momentos de dolor, acrecentado por la lejanía."

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