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UN MAR CUADRADO (In memoriam, KIKO GAO)

Me mintieron de niño, me engañaron como engaña un muchacho al abuelo despistado. ¡Que no sabe el agua! ¡Que no huele! ¡Que no es azul el mar! ¡Que el mar no habla! Me mintieron de niño, me engañaron como engaña un sabio a quien apenas ha vivido. ¡Pregúntale al marinero, al loco o al poeta! Él te contará la verdad, te dirá lo que es el agua y sabrás que te mintieron.   Me mintieron de niño, me engañaron, y lo mismo hicieron contigo. Siéntate aquí, al borde de este agua que sabe sin ser salada. Ven a la orilla de este mar cuadrado de baldosas y bordillos. Siéntate a mi lado y verás al infinito abrirse paso bajo una marca roja de pintura, señal que advierte a los bañistas el peligro y anuncia a los creyentes el milagro. Me mintieron de niño, me engañaron, sin saber siquiera que lo hacían.   ¡Que no sabe el agua! ¡Que no huele! ¡Que no es azul el mar! ¡Que el mar no habla! Cómo les voy a creer, si me mintieron; cómo escuchar su verdad, si ella es mentira. Cómo voy a call...

La pregunta de los miércoles

Tengo miedo de acumular respuestas que me cierran a la pregunta, esa que cada día se me dirige; miedo al discurso aprendido y sin vida, miedo a los pies firmes pero pesados, miedo a la mirada que no ve y al corazón que no camina. Me sobran respuestas, es por eso que acudo al silencio para descubrir el mundo y su costado, para descubrir las preguntas acertadas, las que mueven. Nuestra historia, tu biografía, la vida que habita y duerme en las calles, la muerte y la esperanza, porqué miércoles otra vez…

La soga del negro

 Esta tarde soñé con la realidad. Las mujeres del barrio conversaban cuando mi familia y yo nos acercábamos. Mi madre se detuvo a saludar. Exclamaciones y “murmuros” era todo lo que percibía de su charla. Al despedirse, un silencio. Nadie dijo nada más. Tras un largo insistir, ya en marcha, al fin mamá comenzó: -Es el tipo del primero. El negro grisáceo que llegó al portal hace varios años, cuando tú ya no vivías aquí. Sacó una soga esta mañana –contó bajito, como con miedo a ser oída. -¿Una qué? –pregunté. -Una soga. Una soga por el balcón. Sacó una soga por el balcón esta mañana. -¿Pero   se ha matado? ¿Pensaba matarse? -No. Sólo sacó la soga. Quería mostrar que se está muriendo. No trabajan, no tienen parientes, no tienen para comer. -¿No hacéis nada por él? ¿Dejaréis que muera? –Pensé. Pero, bien inserto en el realismo del sueño, no dije nada. Entonces el silencio me despertó. Si a menudo d...

Notas al margen

De nuestra vida no quedará nada. Se irán los trabajos, los estudios, los proyectos. Quedará tan sólo la paz sembrada y las notas que, con entusiasmo, tomemos en los márgenes de los libros más importantes, los que se escriben con gestos...

Un movimiento leve

Cómo cantaba las penas aquel viejito de la calle Corrientes. Guardaba la tristeza de la dictadura, la nostalgia del exilio, la sabiduría de los años y el realismo de quienes gastaron las manos con duros trabajos. Recordando historias pasadas, contaba a su hija: -Cuando el tiempo se vuelva denso y el camino te pese, cuando los zapatos te rocen y falte aire en tu rutina, siéntate y deja que tu voluntad se mueva. Di sí al trabajo, sí a lo que hay, sí a los grises de la jornada. Al decirlo, retornará el color a tu vida y la ilusión a tu rutina. Hija, un sí lo cambia todo.

Viajar

El placer de viajar. La paz. La ausencia de relojes. La fuerza del tiempo. La certeza del movimiento, del camino y el juego. La confianza y la experiencia de que cuando más recorremos es cuando vivimos despiertos y cuando viajamos quietos.

Escribir de a una

Pensar pienso mucho y muchas veces. No pienses tanto -me dicen- y es que casi siempre voy pensando. Escribir, en cambio, escribo poco; poco pero de a una . Porque escribir no es algo que se hace, escribir es hablar hacia fuera con la entraña, y nadie habla dos veces, y nadie borra con goma el aire ni las palabras que, una vez escritas, al viento pertenecen. Escribir no es pensar. Escribir es otra cosa.