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Cinco minutos

Era viernes. Había pasado el recreo y los alumnos estaban en el aula. Abusando de la confianza de un aspirante a maestro, irrumpimos en un aula de primaria. Los niños –todavía de pocos años- permanecían en un silencio sorprendido. Sus ojos jugaban con sólo contemplar la presencia de aquellos extraños. Durante el breve diálogo que mantuvimos, mis ojos también jugaban al descubrir sus cuerpos pequeños y sus sonrisas. Cinco minutos entrañables. Cinco minutos que ellos pronto olvidarán. Cinco minutos que me hacen recordar el vacío de todo aquello que ya olvidé, pero que sin duda mereció la pena. Gracias a esos niños, hoy temo un poco menos al olvido y a la muerte, pues ahora sé que vivir es cargar con el recuerdo de los otros, y que morir no es sino dejar a otros recordar nuestros olvidos.

UN MAR CUADRADO (In memoriam, KIKO GAO)

Me mintieron de niño, me engañaron como engaña un muchacho al abuelo despistado. ¡Que no sabe el agua! ¡Que no huele! ¡Que no es azul el mar! ¡Que el mar no habla! Me mintieron de niño, me engañaron como engaña un sabio a quien apenas ha vivido. ¡Pregúntale al marinero, al loco o al poeta! Él te contará la verdad, te dirá lo que es el agua y sabrás que te mintieron.   Me mintieron de niño, me engañaron, y lo mismo hicieron contigo. Siéntate aquí, al borde de este agua que sabe sin ser salada. Ven a la orilla de este mar cuadrado de baldosas y bordillos. Siéntate a mi lado y verás al infinito abrirse paso bajo una marca roja de pintura, señal que advierte a los bañistas el peligro y anuncia a los creyentes el milagro. Me mintieron de niño, me engañaron, sin saber siquiera que lo hacían.   ¡Que no sabe el agua! ¡Que no huele! ¡Que no es azul el mar! ¡Que el mar no habla! Cómo les voy a creer, si me mintieron; cómo escuchar su verdad, si ella es mentira. Cómo voy a call...

La pregunta de los miércoles

Tengo miedo de acumular respuestas que me cierran a la pregunta, esa que cada día se me dirige; miedo al discurso aprendido y sin vida, miedo a los pies firmes pero pesados, miedo a la mirada que no ve y al corazón que no camina. Me sobran respuestas, es por eso que acudo al silencio para descubrir el mundo y su costado, para descubrir las preguntas acertadas, las que mueven. Nuestra historia, tu biografía, la vida que habita y duerme en las calles, la muerte y la esperanza, porqué miércoles otra vez…

La soga del negro

 Esta tarde soñé con la realidad. Las mujeres del barrio conversaban cuando mi familia y yo nos acercábamos. Mi madre se detuvo a saludar. Exclamaciones y “murmuros” era todo lo que percibía de su charla. Al despedirse, un silencio. Nadie dijo nada más. Tras un largo insistir, ya en marcha, al fin mamá comenzó: -Es el tipo del primero. El negro grisáceo que llegó al portal hace varios años, cuando tú ya no vivías aquí. Sacó una soga esta mañana –contó bajito, como con miedo a ser oída. -¿Una qué? –pregunté. -Una soga. Una soga por el balcón. Sacó una soga por el balcón esta mañana. -¿Pero   se ha matado? ¿Pensaba matarse? -No. Sólo sacó la soga. Quería mostrar que se está muriendo. No trabajan, no tienen parientes, no tienen para comer. -¿No hacéis nada por él? ¿Dejaréis que muera? –Pensé. Pero, bien inserto en el realismo del sueño, no dije nada. Entonces el silencio me despertó. Si a menudo d...