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Crónica de infortunios

Hace dos semanas la luz de la entrada del baño comenzó a parpadear. Es cierto que en un principio me alegró el recuerdo de esos focos cegadores de las discotecas pasadas. Bueno, sé que eso último es raro, pero hay algo normal en esta historia: también me acordé de Einstein con su teoría de la dualidad onda-partícula del haz de luz. Pero la tercera razón-recuerdo que yo esperaba nunca llegó, y consideré más oportuno tratar de mantener esa luz apagada hasta nueva orden. Tras muchos esfuerzos, el porcentaje de encendidos es ya inferior al 50%, lo cual hace que el baño deje de ser para mí una fuente de enfados constantes y se convierta de nuevo en un lugar relativamente apacible. De momento, no habrá nuevas ordenes en lo referente a la reposición lumínica. La semana pasada, el martes, fue mi oído el que sufrió gravemente al dispararse la alarma del ambulatorio. El incidente afectó a bastantes personas, las cuales reaccionaron con multitud de actuaciones: quejas, manos a los oídos, búsque...

Desarraigo

Mi pueblo, mi patria, mi tierra... Mi pueblo a veces no me parece más que gente muy sola. Mi patria ha estado tan dividida que no sé en qué lado me quedé, si es que me quedé en alguno. Mi tierra es de cemento y deja salir, pero no entrar. Mis  raíces cruzan el charco. Y mi bobo corazón, no sabiendo dónde latir, lo hace con los sin pueblo, los sin patria, los sin tierra, exiliados, extranjeros, emigrantes, deportados. Mi pueblo, mi patria, mi tierra... La imagen es una muestra de la obra de Quely Scherman , bonaerense residente en Israel, cuya obra se refiere a las vivencias sociales.  http://fis.ucalgary.ca/ACH/Registro/Quely_Scherman/

Inadaptado

Creyéndome el dueño del mundo, agarro una pluma que alguien me regaló inscribiendo en ella el nombre que al nacer me pusieron. Me siento en una silla que no podría fabricar, en una habitación que no sabría construir, y me pongo a escribir en un papel salido de un árbol que no planté, un papel que pondré en el contenedor de reciclado, desligándome de su proceso posterior. Y me llaman a un móvil que no sé por qué suena y, al avanzar en las palabras, me voy sintiendo menos dueño, más vulnerable. Y me desconcierta la idea de que los hombres y mujeres más cercanos al mundo, los más capaces de vivir en él, son precisamente los desheredados de todo, los que sobreviven dificilmente, los jodidos. Entonces, avergonzado, enciendo el ordenador y me declaro enfermo de palabrería y culpable de muchas cosas.

Un beso singular. La heladería

Lucas Ramírez se llamaba el tipo, y hablaba con una bella rubia. Lástima que no le pude sacar el nombre, pero Lucas no le dejó espacio. Su rostro frente al mío, en la mesa de al lado, era frío; sus palabras extranjerismos y sus construcciones verbales en 1ª del singular: yo, yo, yo. Su plural era un singular con matices, un yo engrandecido por la fuerza de un grupo. El galán de la heladería era madrileño, le delataba su acento. La chica, sin embargo, no tuvo acento en toda la noche. Cuando se despidieron, la chica le besó, pensando posiblemente no verlo más. Lucas Ramírez, en cambio, parecía besarse a sí mismo cuando la besaba. Célebre imagen de Joel-Peter Witkin:  "Le baisier"  (El beso), Nuevo México, 1982, Imagen de un cráneo partido a la mitad y colocado de manera que se besa a si mismo. La primera imagen prestada, por decir algo, por S.J.W. Grogan. www.blueponymesa.com/range_art

La noche

Desde que crecí en años y autonomía, que no digo libertad, nos hicimos amigos. Nuestros primeros encuentros fueron fortuitos, es cierto. Yo dejaba el estudio para el final, y siempre acabábamos encontrándonos. Recuerdo más de una ocasión en que nos despedimos, sin haber dormido, justo cuando el sol, invisible pero cercano, lanzaba sus primeros rayos. Hemos vivido tanto. Cada día, desde aquella época, al amanecer me siento desorientado. Yo no la encuentro y ella no me deja buscarla. Debo confiar en que aparecerá, igual que un niño confía en que, llegado el tiempo, su madre volverá y lo sacará de la escuela. Igual que un anciano quien, encerrado en el claustro de una cama con barandas, tras preguntar cada noche si alguien le despertará al día siguiente, espera. Duerme y espera. Aun no viéndola, ella está. Me acompaña en silencio durante la jornada, discreta, sigilosa, humilde. Y llegado el momento, es también ella quien roba la luz al día para, lejos de apagar, transformarla en antor...

Un mundo plano

Arquímedes de Siracusa, exhibicionista, pero sabio, dijo, según un testigo: 'dadme un apoyo y muevo el mundo.' ¿Pero cómo mover sin partir, si es el Sur el apoyo, y tan sólo sube el Norte? Yo prefiero un mundo plano aunque perdamos la brújula.

El tiempo es nuestro

Me gusta decir 'el tiempo es mío' cuando el tiempo corre sin dar tiempo, disfruto proclamando 'el tiempo es nuestro' si llego tarde, sin tiempo ni excusas. Me gusta creer que poseo el tiempo pero sólo consigo hacerlo erróneamente Y equivocado, disfruto repitiendo '¡El tiempo es mío! ¡El tiempo es nuestro!' Me temo amiga, que el tiempo sólo será tuyo, mío, nuestro, cuando nos sepamos vividores de un tiempo que nos supera. Me temo amiga, que el tiempo sólo es tuyo, mío, nuestro, cuando nos vivimos sabedores de nuestra finitud en el tiempo. El tiempo es y será nuestro cuando en un presente continuado nos invada, profunda, la certeza de ser nosotros del tiempo . Dedicado a mis profesores de filosofía y de matemáticas, pensadores frecuentes. Algún día tantas palabras servirán para algo. Dedicado también a tantos como han padecido mis múltiples retrasos. Puedo pediros perdón, pero no me arriesgo a deciros que no volverá a suceder. Y perdón por el toque pant...