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La soga del negro

 Esta tarde soñé con la realidad. Las mujeres del barrio conversaban cuando mi familia y yo nos acercábamos. Mi madre se detuvo a saludar. Exclamaciones y “murmuros” era todo lo que percibía de su charla. Al despedirse, un silencio. Nadie dijo nada más. Tras un largo insistir, ya en marcha, al fin mamá comenzó: -Es el tipo del primero. El negro grisáceo que llegó al portal hace varios años, cuando tú ya no vivías aquí. Sacó una soga esta mañana –contó bajito, como con miedo a ser oída. -¿Una qué? –pregunté. -Una soga. Una soga por el balcón. Sacó una soga por el balcón esta mañana. -¿Pero   se ha matado? ¿Pensaba matarse? -No. Sólo sacó la soga. Quería mostrar que se está muriendo. No trabajan, no tienen parientes, no tienen para comer. -¿No hacéis nada por él? ¿Dejaréis que muera? –Pensé. Pero, bien inserto en el realismo del sueño, no dije nada. Entonces el silencio me despertó. Si a menudo d...

Notas al margen

De nuestra vida no quedará nada. Se irán los trabajos, los estudios, los proyectos. Quedará tan sólo la paz sembrada y las notas que, con entusiasmo, tomemos en los márgenes de los libros más importantes, los que se escriben con gestos...

Un movimiento leve

Cómo cantaba las penas aquel viejito de la calle Corrientes. Guardaba la tristeza de la dictadura, la nostalgia del exilio, la sabiduría de los años y el realismo de quienes gastaron las manos con duros trabajos. Recordando historias pasadas, contaba a su hija: -Cuando el tiempo se vuelva denso y el camino te pese, cuando los zapatos te rocen y falte aire en tu rutina, siéntate y deja que tu voluntad se mueva. Di sí al trabajo, sí a lo que hay, sí a los grises de la jornada. Al decirlo, retornará el color a tu vida y la ilusión a tu rutina. Hija, un sí lo cambia todo.

Viajar

El placer de viajar. La paz. La ausencia de relojes. La fuerza del tiempo. La certeza del movimiento, del camino y el juego. La confianza y la experiencia de que cuando más recorremos es cuando vivimos despiertos y cuando viajamos quietos.

Escribir de a una

Pensar pienso mucho y muchas veces. No pienses tanto -me dicen- y es que casi siempre voy pensando. Escribir, en cambio, escribo poco; poco pero de a una . Porque escribir no es algo que se hace, escribir es hablar hacia fuera con la entraña, y nadie habla dos veces, y nadie borra con goma el aire ni las palabras que, una vez escritas, al viento pertenecen. Escribir no es pensar. Escribir es otra cosa.

Amor

El amor es bello, pero no siempre es ligero. El amor pesa cuando viene en forma de muerte compartida, cuando se acerca de repente como culpa ajena que hemos de callar, cuando nos acompaña en la rudeza cotidiana o cuando nos invita a mirar con frescura a quien conocemos en todas sus faltas. El amor pesa a veces, y a veces pesa mucho el amor. A veces le quitamos letras al amor para que no pese tanto, y entonces el amor no habla de amor, sino de amos y esclavos, y ya no es amor el amor. Pero otras veces el amor es amor, con todas sus letras, aunque pese. Y es que el amor no siempre es ligero, pero es bello el amor...  ...cuando es amor.

Vida compartida

                   Alfonso, después de casi 5 años compartiendo hogar –comunidad claretiana de granada- hoy te marchas a otra casa, allá en lo alto. Una alegría serena crece en mi interior cuando te siento, cuando recuerdo tus chascarrillos cotidianos, tu sensibilidad hacia los más pobres y tus andanzas por las tierras de Filipinas, tierras en las que naciste por segunda vez, y tierras que guardaste en tus bolsillos hasta tu último latido.    No es extraño que tu último comentario en Facebook estuviese dedicado a la designación de un nuevo cardenal en Mindanao (Filipinas), noticia que “te alegró mucho”. Ni es extraño tampoco que al enterarse John Louie Guades (claretiano de filipinas) se sorprendiera de tu pronta partida (“¡¡si ayer mismo me envió unos correos!!”)    Gracias, “Alfons”, por el regalo de tu vida compartida. Ha sido una suerte compartir tantas comidas...