Ir al contenido principal

Entradas

¿Qué has dicho, Casandra?

Actualmente, descubrimos en nuestro país un acalorado y recurrente debate sobre la libertad de expresión. Cada polémica nueva es una ocasión para renovar el odio y las disputas, a base tantas veces de prejuicios y malas intenciones. Reconozco que me preocupa, me preocupa mucho, y cada vez más. Me preocupa porque, más allá de cada hecho concreto, percibo una incapacidad creciente para elaborar juicios morales libres, para alcanzar opiniones fundadas y para expresarlas serenamente. No sólo eso. Cuando alguien expresa una opinión personal, con respeto y con una base moral que merecería poco menos que un aplauso, no tarda en ser manipulado. Los que se creen cerca de él, aprovechan su figura para dotarse de argumentos que, lo reconozcan o no, les faltan. Quienes se creen lejos, no tardan tampoco en encasillar su figura, en tirar de hemeroteca o simplemente, cuando esta es pobre, en recurrir al insulto, la confusión o el desprestigio irrefrenable de la mentira. Me preoc...

El derecho a la ofensa: Penes, Vulvas y Drags-Queens

Nuestra sociedad ha cambiado mucho. La modernidad, la filosofía, la religión, la concepción unitaria de la historia, la esperanza... todas parecen heridas de muerte. Las libertades que siguieron a las dictaduras, el reconocimiento de los derechos, la comunicación, el contacto, los cuerpos, el sexo, las minorías y la posibilidad del disenso. Con la luna al alcance y las fronteras situadas, con el telón de acero rasgado y la democracia liberal como bandera cuasi-universal todo se aceleró. Los medios de comunicación acompañaron y alentaron esta carrera fugaz hacia el espacio digital. Y corrimos, creyéndonos libres. Tal vez lo fuimos un tiempo. Tal vez no. Muchos crímenes quedaron atrás: genocidios y ajustes de cuentas, mujeres, gays, trans, ateos, creyentes del uno y otro lado, rivales ideológicos y enemigos de lo ajeno. ¿Quién podría limpiar el reguero de sangre y de odio? La mayoría optó por dejar pasar el tiempo, a la espera construir una nueva memori...

A un chapuzón de distancia

Gambia no se ha movido. Sigue allí, en África occidental, rodeada por Senegal, excepto en la desembocadura del río que le da nombre. Por allá entraban los portugueses y británicos en otro tiempo; de allí salían los esclavos. Gambia fue tierra colonizada hasta aquel 18 de febrero de 1965. Independencia. Desde entonces, relativa estabilidad política, excepto algunos fogonazos como los de aquella breve pero intensa dictadura militar de 1994. Muchos en el mundo no se enteraron. Tampoco un recién nacido, Pateh Sabally. Debió medir 40 o 50 centímetros. Delgado, ojos oscuros, alegría para un hogar acostumbrado a la dureza de la vida en una región pobre, alimentada de la pesca y la esperanza. Pateh creció. Unos cuentan que estaba sano, otros que ayudaba a su padre en el trabajo, excepto aquellos días en que la malaria debilitó su cuerpo fuerte. Nadie sabe nada a ciencia cierta, excepto algo en lo que todos coinciden: Pateh no sabía nadar. Pateh creció aún más y, un día, bien...

La tragedia globalizada

El mundo se ha vuelto pequeño. Cualquier lugar parece accesible, más aún para los jóvenes. Las riquezas propias de cada cultura pueden ser conocidas, aunque al mismo tiempo las tragedias son hoy retransmitidas en directo, seguidas en Twitter. Una niña en siria sube fotos de los bombardeos, un secuestrado en Paris pide ayuda mientras los terroristas ocupan la sala de conciertos, y los pasajeros del vuelo se despiden mientras se acercan a tierra. Esta cercanía con la tragedia es una realidad nueva y, si bien posibilita una solidaridad universal, al mismo tiempo puede suceder que esté ligada a una solidaridad débil, de corte emotivista, y tal vez compatible con la indiferencia, de cuya globalización el papa advierte a menudo. Se hace hoy necesario participar de la realidad social, colaborar con la acción en su transformación. Hemos de empeñarnos en reducir la distancia entre la confusión intelectual, la profunda “cercanía sentida” ante los problemas globales, y la distancia re...

Otra foto en el Egeo

Muchas palabras en aquel correo electrónico que leí de corrido. Una foto al final, de mucho peso . Tanta que a mi móvil le costó abrirla, quizá como advertencia sutil de lo que nos pasa: indiferencia a grandes sorbos, desconexión de los dramas de nuestro tiempo... En la foto un mar, dos policías turcos y un niño muerto. Mi contemplación silenciosa permitió aparecer a distintos sentimientos, a los que no voy a referirme por miedo a nuestra sociedad mediática, tan emotivista como indolente, tan sensiblera como inhabilitada para la acción. Los policías, uno de los cuales sostiene al niño poco antes de la sepultura, parecen habituados a la escena. No es el primer niño. Están tan acostumbrados que no necesitan tocar. Les bastan los agarres del chaleco -¿salvavidas?-, al tiempo que les sobran los guantes. Sí, los guantes que llevan en las manos. Guantes blancos. Guantes limpios. Guantes que expresan con fuerza la distancia entre Oriente y Occidente, entre ellos y nosotr...

CERRAZÓN

  La cerrazón nubla la capacidad crítica, enjuicia a base de prejuicios, evita toda forma de escucha y, por tanto, elimina la posibilidad de entendimiento y de diálogo. A menudo, se alimenta de la inseguridad y el miedo, y lleva a minusvalorar a quien no se comprende. La cerrazón vive entre nosotros, ¡y en nosotros! Se expresa en tertulias y debates, en bares y en columnas de periódico, en FB, en Twitter, y en blogs de todo signo y color... ¿Sus beneficios? La protección que da un grupo y la seguridad que ofrece tener bien delimitados los enemigos... ¿Sus consecuencias? Entre malas y terribles...

Pedagogía del cuerpo

    Funcionaba no hace mucho la pedagogía de la respuesta, de la memoria, de la mente. Los zurdos eran enderezados y los artistas se consideraban sospechosos. Los pupitres estaban perfectamente alineados y orientados para favorecer la escucha. Hoy parece que se nos va colando la pedagogía de la pregunta, la pedagogía del cuerpo, la pedagogía de la biografía. Los pupitres se agrupan de seis en seis y los zurdos y los diestros tienen que consensuar cómo reparten sus cuadernos en los huecos libres de las mesas. No sé a qué época pertenezco, pero reconozco en mí una triple verdad. Tal vez demasiado empírica y subjetiva, pero verdad: aprendo mejor con preguntas que mueven mis respuestas, aprendo todo lo que puedo tocar, y morder, y besar...; aprendo, en fin, sólo aquello que tiene algo que ver con nuestras historias y biografías... La verdad de la pregunta, la verdad del cuerpo, la verdad de la biografía...