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Mostrando las entradas etiquetadas como Silencio

La soga del negro

 Esta tarde soñé con la realidad. Las mujeres del barrio conversaban cuando mi familia y yo nos acercábamos. Mi madre se detuvo a saludar. Exclamaciones y “murmuros” era todo lo que percibía de su charla. Al despedirse, un silencio. Nadie dijo nada más. Tras un largo insistir, ya en marcha, al fin mamá comenzó: -Es el tipo del primero. El negro grisáceo que llegó al portal hace varios años, cuando tú ya no vivías aquí. Sacó una soga esta mañana –contó bajito, como con miedo a ser oída. -¿Una qué? –pregunté. -Una soga. Una soga por el balcón. Sacó una soga por el balcón esta mañana. -¿Pero   se ha matado? ¿Pensaba matarse? -No. Sólo sacó la soga. Quería mostrar que se está muriendo. No trabajan, no tienen parientes, no tienen para comer. -¿No hacéis nada por él? ¿Dejaréis que muera? –Pensé. Pero, bien inserto en el realismo del sueño, no dije nada. Entonces el silencio me despertó. Si a menudo d...

Silencio/2

Te noto callado, me dice esta tarde la vida. Callo porque me es difícil dar palabras que, denunciando a otros, me inculpan en primer lugar. Callo por no decir, y ante todos callo: Callo ante el rico que no creerá su injusticia por mis difusas palabras ni por mi vida borrosa. Callo ante sabios y fuertes, no sea que descubran la dosis de envidia escondida en el lenguaje, disfrazada de letras y sonidos. Callo ante el mundo enfermo que no ayudo a sostener. Callo ante el grito que me lanzan mis propios sueños. Callo, sobre todo, ante el pobre que juzga con ojos de silencio mi indiferencia. Y en el silencio humilde nace, como fuego, el deseo de cambio, y crece una nueva forma de ver, de situar cerca lo que es real. Callo y mi corazón resuena. Callo y una voz me habita. Callo y tu presencia bombea con fuerza palabras que son de verdad. Las escucho, no las creo, y callo. Cuando las crea seguiré callado, pero entonces hablará mi rostro.

El proverbio adolescente

Tras pasar y pensar céntricas calles me declaro en huelga y en contra: en huelga de sonidos, en silencio; en contra de palabras, de proverbios. No olvido la ilusión adolescente, las frases bien cortitas y dichosas; capaces de cambiar todas las cosas y dar matices nuevos a las gentes. Mas el saber y el tiempo, compañeros, cargados de rutinas, de desvelos; el peso de la historia ya cansada, me llaman y me llevan de las manos por el camino sin nombre en que los viejos aprenden a olvidar lo que les sobra.

Viajar de noche. Leer la luna

Noche, kilómetros, horas, camino. Luna mirada, cielo escondido. Camino, gasolina y asfalto. Noche, belleza, mirada, amor, y más camino. Minutos, paz, tiempo para no hacer, para hacer la nada: el silencio. Tiempo para mirar, para ver y no ver. Tiempo para estar, en el asiento trasero; sólo, como siempre, y acompañado.  Segundos, ruedas, coches, sonrisas, acentos, viajes. El roce del aire, la radio que no oye, que da un pobre ruido no más: dispersión ofrecida, distorsión fastidiosa. En el camino, la compañía y la búsqueda. Aparece ahí la mejor respuesta: la que nos sumerge y nos descubre la profundidad de la pregunta. La que desnuda el misterio. La que nos hace cantar: "Tú eres mi Hijo: te quiero".

Silencio/1

  Existen muchos tipos de silencios, el carente de ilusión y el inundado de paz, el que experimento cuando camino entre una gran multitud o cuando decenas de pies recorren con los míos un túnel durante una carrera. El silencio del detenido, el silencio con el que se defiende el tímido de la acusación de ser él mismo. El silencio de los violentamente silenciados y el de quienes se cansaron de gritar en vano. Entre todos ellos, existe un silencio más intenso y profundo: el que brota de una mirada cargada de dolor, que no admite palabras pero sí una mano tendida. Es un silencio lleno de realidad, que sobrecoge y asusta; un silencio envuelto en una oscuridad luminosa, atravesado por una luz oscura, y también por un ruido: el ruido de la esperanza.