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Mostrando las entradas etiquetadas como cmf

Vida compartida

                   Alfonso, después de casi 5 años compartiendo hogar –comunidad claretiana de granada- hoy te marchas a otra casa, allá en lo alto. Una alegría serena crece en mi interior cuando te siento, cuando recuerdo tus chascarrillos cotidianos, tu sensibilidad hacia los más pobres y tus andanzas por las tierras de Filipinas, tierras en las que naciste por segunda vez, y tierras que guardaste en tus bolsillos hasta tu último latido.    No es extraño que tu último comentario en Facebook estuviese dedicado a la designación de un nuevo cardenal en Mindanao (Filipinas), noticia que “te alegró mucho”. Ni es extraño tampoco que al enterarse John Louie Guades (claretiano de filipinas) se sorprendiera de tu pronta partida (“¡¡si ayer mismo me envió unos correos!!”)    Gracias, “Alfons”, por el regalo de tu vida compartida. Ha sido una suerte compartir tantas comidas...

25

Cómo no acordarme al envejecer de quienes me alimentaron. Cómo dudar al madurar de quienes sembraron las semillas. Cómo dejar en el olvido a quienes conmigo compartieron panes y sueños. Cómo no traer de nuevo a mi vida todas esas muertes y ese fuego. Cómo cumplir 25 sin susurrar siquiera el nombre de quien, al cumplir 25, cumplió por última vez...

Quedará tu sonrisa

Nada me ha enseñado más en la vida que guardar silencio ante la muerte joven. Ni pésames ni protocolos. Tan sólo amar en la noche. Te quiero Kiko. Sufrimos tu partida. No sufras tú nuestra pena. Al final, nos quedará tu sonrisa. "Kiko, como familiarmente le llamábamos, había nacido el 25 de septiembre de 1985 en Shanxi, China. Tenía, por tanto, 27 años. Era el menor de cuatro hermanos. Se preparaba con ilusión para emitir su primera profesión en septiembre. Pidamos al Señor y al Corazón de María por su eterno descanso y pidamos también, de manera especial, por sus padres  y hermanos en estos momentos de dolor, acrecentado por la lejanía."

Crónica de un adiós

Allá por los años 30 nació, en canarias ínsulas, Don José María. Le enseñaron desde chiquito que no había que molestar, y re-bien aprendió la lección. Andaba pidiendo disculpa a cada cosa, sin escuchar el "no es molestia" con el que era respondido. -Disculpe. -No es molestia. -Disculpe. -No es molestia. Así vivió, servicial y disculpado, hasta el día en que pasó, sigiloso, al otro lado. Se fue sin avisar, aunque algunos vecinos cuentan que lo oyeron susurrar disculpas mientras se alejaba.