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Mostrando las entradas etiquetadas como Empatía

Silencio/1

  Existen muchos tipos de silencios, el carente de ilusión y el inundado de paz, el que experimento cuando camino entre una gran multitud o cuando decenas de pies recorren con los míos un túnel durante una carrera. El silencio del detenido, el silencio con el que se defiende el tímido de la acusación de ser él mismo. El silencio de los violentamente silenciados y el de quienes se cansaron de gritar en vano. Entre todos ellos, existe un silencio más intenso y profundo: el que brota de una mirada cargada de dolor, que no admite palabras pero sí una mano tendida. Es un silencio lleno de realidad, que sobrecoge y asusta; un silencio envuelto en una oscuridad luminosa, atravesado por una luz oscura, y también por un ruido: el ruido de la esperanza. 

Tiempo de exámenes

Dos veces al año se detienen las clases para la realización de los exámenes. Se lamentan los estudiantes ante tal irrupción repentina. Lo hacen también sus hermanos pequeños, quienes tendrán que jugar solos. Protesta el trabajador por la buena vida del maestro. Replica el docente cansado de correcciones, malas letras y reuniones. La doctora dobla turno ante el auge de ansiedades. Y la máquina de café, vieja y cansada, espera su aniversario con el dolor de una pregunta sin respuesta: ¿cuándo me jubilarán? Entonces, olvidados, los pobres apuntes, libros, pdf´s y papeles, a menudo amontonados, siempre odiados y enemigos, gritan desgarrados al cielo. Tienen mucho que decir. Les dejan decir muy poco. Por cierto, mucho ánimo a los "cerrados por exámenes", ¡¡y no olvidéis las tres R´s!! (Reducir, Reutilizar, Reciclar).

Llueve en las calles

Llovía, y la lluvia fue la excusa para ponerme una bufanda en la cabeza sin temores ni vergüenzas. Llovía, y la lluvia me animó a tomar el camino más corto a casa: callejear por el barrio, atravesando calles transformadas por los años bajo el único amparo de la ley del libre albedrío. Llovía, y la lluvia hizo que tampoco me sorprendiesen los tapados rostros de un joven y un niño quienes, en la noche, bajo el agua, me preguntaban la hora. Llovía, y la lluvia y el miedo no les permitió descubrirse y tenderme la mano cuando quise saber sus nombres; ellos prefirieron seguir con su interrogatorio, pasando de la hora a la cartera, de la cartera al dinero. Llovía, mas no sólo llovía. Llueve. Llueve en la vida de estos chicos anónimos que, sin saberlo, hoy se entrenan para delincuentes. Nadie les ha enseñado aún que son grandes, que tienen un nombre. Llueve en la vida de sus familias, ¡llueve a cántaros!, y algo me dice que ni hoy, ni tampoco mañana, 20N, ningún pez gordo se...

Limpiadores de ventanas

Actualmente, mi madre mira con cierta nostalgia la habitación que dejé. En otros tiempos, no tan lejanos, me increpaba por el desorden que en ella imperaba. Yo, despreocupado, me acogía a mi propia legislación, alegando que allí reinaba un "caos creativo". Pero toda ley debe establecer unos límites, y mi auto legislación no podía ser menos. Dos de ellos, referidos a la potestad de limpiar y arreglar bienes-inmuebles, son los siguientes: "cuando lo que existe al otro lado de tu ventana aparezca a tus ojos en blanco y negro, ha llegado el momento de limpiarlo", "cuando la puerta del armario lleve 9 meses sin cerrarse por rotura, ha llegado el momento de arreglarlo" (Art. III y IV de la ley Nº 423/7 "Ley particular del procedimiento caótico auto legislado en espacios privados") De modo que me armé de valor, limpiacristales, trapo y periódico, y comencé la batalla. La alegría cromática, el renacer de lo otro, la paz encontrada con un sencillo esf...

Mi abuelo y yo. Dos seres no tan distintos

Mi abuelo no es "mi abuelo". Mi abuelo es "Quique". Se empeñó desde que éramos niños en que le llamáramos así: "¡nada de abuelo! ¡Quique!". Y creo que le hice caso por tres razones: -Porque era más facil de pronunciar. -Porque se lo debía: él me llevaba al parque los domingos y es quien me enseñó a leer cuando aún no iba a pre-escolar. -Porque es vasco y vivió en Uruguay, y cuando a un vasco-uruguayo se le mete algo en la cabeza... ¡¡más vale que le hagas caso!! El hecho es que hace dos semanas estuve en Sevilla con tareas en el colegio y en la parroquia (antes de que un casi-cura claretiano se hiciera cura claretiano), y pasé a ver a mis abuelos y a mi tío. Quique estuvo enseñándome uno de los volúmenes de Medicina que ha ido reuniendo en estos últimos años. Ante lo asombroso y lo cómico de la situación, le dije: "Quique, tienes tanta curiosidad, que seguro que cuando mueras vas a hacerte la autopsia a ti mismo." Nos reímos y, tras ...

A PROPÓSITO DE E-MILIO: Justicia y venganza. Liberación y miedo.

El pasado miércoles, un correo electrónico asomó en mi bandeja de entrada. La primera sensación fue de sorpresa. La amiga que lo enviaba no suele escribirme, y el asunto era el siguiente:  "FW: Difundamos esta foto. Hoy "SÍ" te pido que hagamos una cadena. Gracias!!! ..." De modo que lo abrí. Apareció una gran foto de un chico que, según narra el artículo, asesinó de forma brutal hace varios años a una chica y que, parece ser, se encuentra ahora en libertad. La sorpresa inicial fue haciéndose mayor por varias razones, de modo que al terminar de leer la última frase ("gracias por no romper la cadena") me quedé pensando. Finalmente, en vez de reenviar el correo a mis contactos, pensé primero responder a quien me escribió a mí. Os dejo a continuación una síntesis-reducción-elaboración de mi respuesta por si de algo os sirve. [Aunque no os pongo el correo que recibí y algunas frases de la respuesta son tomadas de él, creo que se entenderá en líneas general...

Pensar como piensa quien no piensa como yo

ADVERTENCIA: en esta entrada trataré de pensar no como siempre he pensado, sino de forma opuesta. Pensaré como puede pensar quien no piensa como yo. De modo que tranquilo, no quiero convencerte de aquello que no pienso, sólo invitarte a pensar por un momento como a menudo tampoco tú mismo piensas para que así, cuando vuelvas a pensar, puedas hacerlo con mayor libertad. Y pensaremos la política. Por un lado, siempre me ha gustado lo singular y novedoso, pero debo reconocer que soy un hijo de mi tiempo. Uno de los rasgos más característicos de mi generación tal vez sea el desencanto ante la política, y he participado de ese desencanto desde la adolescencia. Por otro, he experimentado un cambio, motivado esencialmente por dos factores. El primero, haber escuchado algunas frases en este último año: esa que afirma que "tenemos los políticos que nos merecemos" o esa otra que dice que "meternos con los políticos es la mejor forma de meternos con nosotros mismos pero ...