Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Escribir

Escribir de a una

Pensar pienso mucho y muchas veces. No pienses tanto -me dicen- y es que casi siempre voy pensando. Escribir, en cambio, escribo poco; poco pero de a una . Porque escribir no es algo que se hace, escribir es hablar hacia fuera con la entraña, y nadie habla dos veces, y nadie borra con goma el aire ni las palabras que, una vez escritas, al viento pertenecen. Escribir no es pensar. Escribir es otra cosa.

Quiéreme bien

No me quieras por la grandeza de mis palabras, como si las creyera. Quiéreme por la pobreza de mi existencia, que canta con cuentos todo lo que le falta. Porque no siempre es verdad lo que se sueña, ni se cree lo que se sabe, ni se piensa con palabras. Porque a veces lo real está escondido, y la mentira es el origen del sentido de los días. Tú quiéreme así, despojado de luces y de verdades, charlatán de sueños, incompleto y en camino. Tú quiéreme así, quiéreme bien.

El plumita Marcelo

Don Marcelo era un tipo oscuro. Tosco en las formas y lúgubre en los afectos. Más tímido que mujeriego, y profundamente sabio. De esos sabios que callan casi siempre, y usan tan sólo la palabra  para enriquecer con matices sus silencios.  Trabajó cuarenta años en un periódico local de la ciudad de Buenos Aires. No le vieron por la oficina en más de quince ocasiones, aunque sí se dejaba ver tomando café en el restorán de la 9 de julio. Cuando niño, su tío le regaló una pluma y le dejó en herencia una historia truncada. Con ellas, poco tiempo después, se alzó en el concurso de narrativa joven de la provincia. El plumita Marcelo tenía un don para contar, para decir, así que su mamá reunió algo de plata y le sacó la matrícula en la academia "Nuevas Artes". Allí no le enseñaron a escribir, sino que le invitaron a leer. Y creció leyendo libros y calles, rostros y aceras. Día tras día, la prensa mostraba las palabras con las que plumita Marcelo leía el mundo -hacié...