Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Paradoja

Lo humano

La paradoja forma parte de lo nuestro, de lo que somos, de lo humano. La asumida y trágica contradicción entre la muerte de millones de judíos y las preocupaciones cotidianas de nuestro diario existir individual. La tesión entre lo social y lo individual, entre lo infinito y lo finito, entre la esperanza y la muerte. No podemos resolver esta contradicción, pero sí mantener la tensión de la paradoja, para ser así compañeros en la tragedia, hermanos en la esperanza y auténticamente humanos. A propósito de La lista de Schindler... ...y del día de Cristo Rey

Paradójica certeza

A veces, después del día, se queda uno pensando. Aciertos y dolores, daño y exigencia, empatía y extrañeza, miedos e ilusión... Y ante el desconcierto resultante resulta necesario -casi imprescindible- detenerse, escuchar y poner orden. Comprometerse hoy para seguir viviendo mañana. Comprometerse con la realidad, con la vida, con la verdad profunda, con los otros. El compromiso con la realidad exige de nosotros discernir, buscar líneas de actuación, y actuar. El compromiso con la vida de la gente exige de nosotros mirar, acompañar sus procesos, y decir. El compromiso con la verdad exige hablar claro, a voces o bajito, a pesar del miedo a no gustar. Vivir el compromiso supone asumir el sentido de culpa más paradójico, el que va unido a la certeza de que hicimos lo correcto.

La carrera del loco [y otras graves locuras]

La vida está llena de paradojas, como la de aquel hombre que estaba tan cansado de estudiar que deseaba terminar sus estudios; y deseaba tanto terminar sus estudios que no hacía más que estudiar. Sin duda fue éste un caso de estudio, mas no fue el único. Más paradójico fue lo de aquel loco cansado, quien de tan cansado que andaba, fue llevado por el sueño y la locura en medio de sofocos y zancadas. Corrió países y ciudades lejanas. Cuando encontró la suya, corrió sus barrios y calles. Corrió las escaleras, corrió la puerta, corrió la entrada y el pasillo. Acabada la carrera, loco y emocionado, se abalanzó sobre la cama. Entonces, detenido, le desafió su cordura y le abandonó el sueño. Me gusta la paradoja. Quizá porque plantea preguntas más allá de las palabras. Tal vez porque soy loco... o tal vez porque todos debemos serlo. Hay demasiada injusticia alentada por quienes se esconden en la aparente coherencia de las palabras. Coherencia que sólo se derrumba con descuidos a ...

Divagación Ordinaria

Las personas extraordinarias hacen de lo ordinario (un beso, una caricia, una presencia) una experiencia extraordinaria con la que llenan la vida; Las personas ordinarias llenan con lo extraordinario (una presencia, una caricia, un beso) la bolsa de basura que sacan en la noche, sin revisión ni reciclaje. Las personas extraordinarias esconden sus virtudes tras su rostro humano y defectuoso; La virtud de las personas ordinarias es la de ocultar su defectuoso y humano rostro en el ambiente festivo de un carnaval veneciano. Las personas extraordinarias comparten sonrisas y cuentan cómo soñaron sus sueños; Las personas ordinarias escuché que a veces sonríen imaginando que ya descubrieron aquello por lo que soñar. Las personas extraordinarias, como las ordinarias, creen que son lo que parecen, pero ni unas ni otras creen bien, pues no parecen lo que son: las unas parecen otras, las otras parecen unas, y viceversa o al revés. Fotografía de Pedro Cas...

Frases boomerang

Es bonito donar sangre. Acudí el 27 de mayo al Centro Regional de Transfusión Sanguínea de Granada. Saludé al recepcionista y a un simpático enfermero cincuentón. Una vez tomado asiento, nos contamos la vida desde el principio, como siempre. De momento el olvido es mi aliado, el que transforma mis presentes repetidos en presentes renovados. Temo que algún día me falle y recuerde su rostro pero, si algo así me sucede, haré como esos abuelos que fingen estar mal de la memoria, sea para contar una vez más aquellas historias que les hicieron vibrar, sea para escuchar los éxitos de sus nietos en la escuela. Volvamos a la sala, donde una mujer también con bata blanca participaba como oyente en la conversación. ¿Mucha gente? Sevilla. 2 años. Teología. Misionero. No, Claretiano. Misionero Claretiano. Ahí, frente a la Guardia Civil. ¿Ah, sí? Qué pequeño es el mundo.  La Iglesia. El 15 M. Uruguay. San Sebastián. Bildu. Después de muchas preguntas y respuestas le soltaba yo una cursilada...

A PROPÓSITO DE E-MILIO: Justicia y venganza. Liberación y miedo.

El pasado miércoles, un correo electrónico asomó en mi bandeja de entrada. La primera sensación fue de sorpresa. La amiga que lo enviaba no suele escribirme, y el asunto era el siguiente:  "FW: Difundamos esta foto. Hoy "SÍ" te pido que hagamos una cadena. Gracias!!! ..." De modo que lo abrí. Apareció una gran foto de un chico que, según narra el artículo, asesinó de forma brutal hace varios años a una chica y que, parece ser, se encuentra ahora en libertad. La sorpresa inicial fue haciéndose mayor por varias razones, de modo que al terminar de leer la última frase ("gracias por no romper la cadena") me quedé pensando. Finalmente, en vez de reenviar el correo a mis contactos, pensé primero responder a quien me escribió a mí. Os dejo a continuación una síntesis-reducción-elaboración de mi respuesta por si de algo os sirve. [Aunque no os pongo el correo que recibí y algunas frases de la respuesta son tomadas de él, creo que se entenderá en líneas general...

La paradoja de la manzana

La vida está llena de paradojas, y creo que en el símbolo de la manzana se resume una bastante común. La paradoja de la manzana. Mi nacimiento no fue tan peculiar como el de Gila (“ mamá, que he nacido ”). Algunos se alegraron, y la mayoría permaneció indiferente. Yo era muy distinto por aquel entonces (finales de los 80). No sufría por tener que levantarme temprano, y tampoco me gustaba quedarme trabajando de noche. No entendía a los filósofos. Ni siquiera sabía leer. Solamente entendía a mi abuela con sus expresiones de abuela: como ese sonoro “ ajajayyyyy ” acompañado de un rápido “ qué-bonito-es ” y de asfixiantes muestras de cariño. De hecho, tardé unos meses llegar saber qué era eso de “ qué bonito es ”. Todo era muy sencillo en los primeros tiempos de mi vivir en la tierra. Yo no tenía dientes, pero tampoco me hacían falta. Todo lo que me daban era líquido. Primero leche y agua, después un rico batido de manzana y plátano. Poco a poco la cabeza me fue creciendo. Yo no paraba...