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Mostrando las entradas etiquetadas como despedida

Vida compartida

                   Alfonso, después de casi 5 años compartiendo hogar –comunidad claretiana de granada- hoy te marchas a otra casa, allá en lo alto. Una alegría serena crece en mi interior cuando te siento, cuando recuerdo tus chascarrillos cotidianos, tu sensibilidad hacia los más pobres y tus andanzas por las tierras de Filipinas, tierras en las que naciste por segunda vez, y tierras que guardaste en tus bolsillos hasta tu último latido.    No es extraño que tu último comentario en Facebook estuviese dedicado a la designación de un nuevo cardenal en Mindanao (Filipinas), noticia que “te alegró mucho”. Ni es extraño tampoco que al enterarse John Louie Guades (claretiano de filipinas) se sorprendiera de tu pronta partida (“¡¡si ayer mismo me envió unos correos!!”)    Gracias, “Alfons”, por el regalo de tu vida compartida. Ha sido una suerte compartir tantas comidas...

Te llamo abuelo

Aquella tarde de invierno del 88 te avisaban de mi venida; yo –en mi ignorancia- lloraba sin saber dónde me adentraba. Hoy, febrero del 14, me cuentan que te marchas, que nos dejas, que casi te has ido. Hoy eres tú quien ronda los umbrales del misterio. Soy yo quien, entre lágrimas de adulto, agradezco tu presencia y trato de soñar para ti el mejor de los futuros, aunque sea ya al otro lado del tiempo, donde sólo quedan el amor y las caricias dadas de formas tan diversas: las caricias de las mañanas de fútbol, las aventuras en el parque, los bollycaos a la salida de la escuela y las comidas de los jueves con Mikel y la abuela. Siempre trataste de ser fuerte, tal vez por eso quisiste desde el principio que tus nietos no te llamásemos abuelo, sino Quique. Yo, ahora, mientras voy despidiéndome de ti, mientras te siento frágil y viejo, te llamo abuelo. No sé dónde vas, dónde entras, dónde naces, pero pido a Dios por todo lo que nos dejas: una vida de la que seguir aprendie...

Un final abierto

  Un final abierto es un final anticipado y mentiroso, la detención de la historia y la imposibilidad de un encuentro real en el futuro; es la obstaculación operada por el muro del presente. Un final abierto es tan sólo la esperanza vaga en un guión inconcluso, en un porvenir que ya no viene. Es pura ilusión, oasis seco. Un final abierto es frustración, certeza de no ver el abrazo postrero, las lágrimas últimas. Un final abierto no es un final, no puede serlo, pues contradice el más morboso deseo de conocer. Reconozco la derrota venidera, tiendo la mano al adversario, y acepto el desafío que suponen las zonas siempre oscuras de la historia, la nostalgia de mi promesa incumplida y la pena de tu pronta e inesperada marcha.