Un final abierto es un final anticipado y mentiroso, la detención de la historia y la imposibilidad de un encuentro real en el futuro; es la obstaculación operada por el muro del presente. Un final abierto es tan sólo la esperanza vaga en un guión inconcluso, en un porvenir que ya no viene. Es pura ilusión, oasis seco. Un final abierto es frustración, certeza de no ver el abrazo postrero, las lágrimas últimas. Un final abierto no es un final, no puede serlo, pues contradice el más morboso deseo de conocer. Reconozco la derrota venidera, tiendo la mano al adversario, y acepto el desafío que suponen las zonas siempre oscuras de la historia, la nostalgia de mi promesa incumplida y la pena de tu pronta e inesperada marcha.
Un espacio de reflexión que incluye opiniones, pensamientos, reflexiones, certezas y creencias que no tienen por qué ser ciertas, pero que son mías. Soy misionero. Soy cura. Intento creer...