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Mostrando las entradas etiquetadas como Mujer

Madre sin serlo. Fotografía de un instante

Mi corazón y mis ojos se alegran al ver su rostro. Isabel, sentada pero en pie, alegre y en camino. Las manos sobre su vientre, y en su vientre, Antonio, pequeño juguetón de 7 meses. ¡Cuánto bien se hace con tan sólo estar enamorada! ¡Cuánta sensibilidad y ternura en las lágrimas de una mujer, en el llanto de una madre que lo es ya, sin serlo! La vida tiene tanto que ofrecerte, mujer: tantas canciones, tantos cuentos, tantos pañales, tantas lágrimas que te quedan por vivir, mujer, madre sin serlo. Agradezco a la vida tu mirada agradecida, y lleno con tu seno enternecido, clamo y canto a Dios por ti, y por tu Antonio. ¡Gracias! En Tamaraceite, Gran Canaria. Un amigo, Martín cmf

Mujeres

Cada mañana disimulaba sus joyas y su alegría al saludar a Basilica, rumana venida a menos, pedigüeña frecuente del portal número 7, madre como ella. Cada mañana aparcaba su ferrari a la puerta de la panadería de Manolo, y debía afrontar la vergüenza y la pobreza de tener mucho más de lo que jamás podría aprovechar. Ella, como Basilica, encontraba la riqueza al otro lado de las cosas. A Lola, filósofa y compañera.

Infidelidades y lejanías

  Del otro lado del teléfono tu corazón de mujer espera, noche a noche, que la luz aguda de un sonido te despierte, y traiga en la mañana, como fuego, el son de un nuevo canto a tu mirada. El cielo es azul, hace tiempo que es azul, la lluvia no se recuerda en la comarca, el jardín está seco y sola la casa; Los pájaros sedientos se acercan con sus cántaros, buscando vida, al caudaloso río de tus mejillas, que nace en tus pupilas y muere -sin morir- en tu garganta. Y tú, varón, habitante de este lado de la historia, permaneces lejano y ajeno; vecino de unas teclas que no rozarán tus dedos, porque no sueñas con quien te ama ni amas a quien te sueña,       noche a noche,             del otro lado del teléfono. [A la Mujer que espera... ...y al Dios con Corazón de mujer]

Gris-sesinato

Santi no era daltónico de ojo. Sus ojos estaban bien, pero era ciego por dentro. No le gustaba pintar y le daban miedo los colores.  Los árboles se habían vuelto demasiado verdes, demasiado azul el mar, y  descaradamente marrones  los ojos de la mujer con quien compartió caricias y nostalgias. No fue todo de repente. Empezó eliminando el rojo cuando de niño sus rodillas lloraron tras rodar por el suelo; más tarde cayeron amarillo, rosa y azul. Ya adolescente, Santi se quedó sin naranja ni violeta. Así fue perdiendolos uno a uno, hasta quedar finalmente desesperanzado y gris. Él no era diferente. Le habían enseñado el miedo y la tranquilidad. El miedo a la bondad y al rostro extranjero. La tranquilidad del televisor y del arma cargada en el cajón de la mesita. Él no era diferente, hasta que empezó a no soportar más. La realidad era demasiado real, y los colores demasiado evidentes. Entonces fue cuando lo hizo. No dijo nada a nadie, y se encerró en su casa. ...

Todos las tenemos, mas no todos

Todos conocemos personas con tendencia a powerpointear a todo tren, esto es, a enviar correos electrónicos sin pausa, con mensajes de amistad o paz, con cuentos o chistes, con ideas, mensajes, frases y paisajes, sobre todo paisajes. Confieso que no suelo abrir estos power points con los que soy powerpointeado por los powerpointeadores amigos. Entiéndaseme bien, cuando hablo de power point me refiero a todo archivo que reclame más de 3:30 minutos de atención. En cambio, hoy, no pude dejar de ver un vídeo de 47:27 minutos. Una entrevista, una mujer, una historia. Me gustó mucho porque todo lo que dice y piensa está en la línea de lo que yo podría pensar y decir. La diferencia: ella lo cree más, porque lo ha vivido más; ella sonríe. Hoy no ando en busca de rodeos. La cuestión es sencilla pero no simple.Todos tenemos buenas ideas, también yo. Pero, ¿da testimonio mi sonrisa de que son ideas vividas? ¿Y la tuya? El asunto queda abierto, como abiertas están nuestras vida...

Mi pésame, mujer

Mujer, en el suelo arrodillada junto al sangrar de dos cuerpos tirados, tus ojos de silencio allí clavados sueñan ver una luz en tanta nada. Mujer, esposa y madre desolada, no pueden ni podrán los magistrados comprender jamás que te has quedado con ellos tú también crucificada. Mujer, vecina, viuda, madre, sola, como colma la lluvia nuestro Darro su ausencia colmará tus soledades. Mujer, vecina, viuda, madre, sola, no dejes que te trague el denso barro formado en tristes tierras de maldades.