Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Rostro

Esbozo

Deseaba guardar para siempre su rostro junto al mío. Quise apresarlo. Tomé lápiz y papel, y recordé mis clases de dibujo: línea, gesto, movimiento... Su rostro ya no estaba. Me quedó el papel en blanco y un recuerdo. Tuve miedo a perderla. Por eso la perdí. Lo importante no puede ser apresado... ...y nada hay más importante que un rostro.

Silencio/2

Te noto callado, me dice esta tarde la vida. Callo porque me es difícil dar palabras que, denunciando a otros, me inculpan en primer lugar. Callo por no decir, y ante todos callo: Callo ante el rico que no creerá su injusticia por mis difusas palabras ni por mi vida borrosa. Callo ante sabios y fuertes, no sea que descubran la dosis de envidia escondida en el lenguaje, disfrazada de letras y sonidos. Callo ante el mundo enfermo que no ayudo a sostener. Callo ante el grito que me lanzan mis propios sueños. Callo, sobre todo, ante el pobre que juzga con ojos de silencio mi indiferencia. Y en el silencio humilde nace, como fuego, el deseo de cambio, y crece una nueva forma de ver, de situar cerca lo que es real. Callo y mi corazón resuena. Callo y una voz me habita. Callo y tu presencia bombea con fuerza palabras que son de verdad. Las escucho, no las creo, y callo. Cuando las crea seguiré callado, pero entonces hablará mi rostro.

TU VIDA

La vida y el dolor endurecen el rostro, transforman la mirada y ablandan el corazón. La vida y el final quiebran con hielo, llenan de sed y abrasan a fuego. La vida y la esperanza, mellizas y distantes, corren al compartir, contagiosas como una pandemia. La vida y la muerte, tan lo mismo y tan extrañas, tan de todos y tan nuestras. La vida y el amor, todo lo que tenemos, todo lo que nos queda, todo lo que de verdad existe. Tu vida y tu dolor, tu corazón y tu rostro, tu frío y tu fuego, tu esperanza, tu muerte. Tu vida y tu amor, todo lo que tenemos, todo lo que nos dejas, todo lo que nos diste.

Llueve en las calles

Llovía, y la lluvia fue la excusa para ponerme una bufanda en la cabeza sin temores ni vergüenzas. Llovía, y la lluvia me animó a tomar el camino más corto a casa: callejear por el barrio, atravesando calles transformadas por los años bajo el único amparo de la ley del libre albedrío. Llovía, y la lluvia hizo que tampoco me sorprendiesen los tapados rostros de un joven y un niño quienes, en la noche, bajo el agua, me preguntaban la hora. Llovía, y la lluvia y el miedo no les permitió descubrirse y tenderme la mano cuando quise saber sus nombres; ellos prefirieron seguir con su interrogatorio, pasando de la hora a la cartera, de la cartera al dinero. Llovía, mas no sólo llovía. Llueve. Llueve en la vida de estos chicos anónimos que, sin saberlo, hoy se entrenan para delincuentes. Nadie les ha enseñado aún que son grandes, que tienen un nombre. Llueve en la vida de sus familias, ¡llueve a cántaros!, y algo me dice que ni hoy, ni tampoco mañana, 20N, ningún pez gordo se...

Un beso singular. La heladería

Lucas Ramírez se llamaba el tipo, y hablaba con una bella rubia. Lástima que no le pude sacar el nombre, pero Lucas no le dejó espacio. Su rostro frente al mío, en la mesa de al lado, era frío; sus palabras extranjerismos y sus construcciones verbales en 1ª del singular: yo, yo, yo. Su plural era un singular con matices, un yo engrandecido por la fuerza de un grupo. El galán de la heladería era madrileño, le delataba su acento. La chica, sin embargo, no tuvo acento en toda la noche. Cuando se despidieron, la chica le besó, pensando posiblemente no verlo más. Lucas Ramírez, en cambio, parecía besarse a sí mismo cuando la besaba. Célebre imagen de Joel-Peter Witkin:  "Le baisier"  (El beso), Nuevo México, 1982, Imagen de un cráneo partido a la mitad y colocado de manera que se besa a si mismo. La primera imagen prestada, por decir algo, por S.J.W. Grogan. www.blueponymesa.com/range_art

Novedad en medio de los años

He pasado vivo ya unos años, aunque no se si es mucho lo aprendido. He visto ancianos perder la cabeza, y me he planteado cómo será mi rostro. He escuchado a locos dialogar, y he tenido envidia por su falta de reservas, máscaras y escudos. He notado cómo contaban secretos, y me ha dolido quedar al margen. Me han mostrado su común desacuerdo, y éste me ha intimidado. Un pobre extranjero me ha mirado a los ojos, me ha preguntado dónde he nacido, y me he avergonzado. Me han llamado sensato y he deseado soltar esa carga. Me he sentido libre al dar un paso más allá de los límites impuestos, y he aceptado encontrarme con barreras que nadie me imponía, pero que estaban. He querido ganar, y he perdido. Si he ganado, he descubierto que no era para tanto. He gozado en soledad del éxito. He compartido el peso de la derrota. Cuando he poseído el número ganador, he quedado fuera de la partida. Me lo he jugado todo a una carta y, al perder, Otro me ha dado nuevas fichas. He ...

Miradas para todos los públicos

El problema de las respuestas rotundas, de los argumentos completos y de las conclusiones definitivas, es que acaban con la frescura de las preguntas, y son las preguntas las que nos abren a la vida verdadera. Hace dos o tres años, en algún lugar de Andalucía (probablemente en la feria de Villanueva de Córdoba, pueblo de mi familia materna), una pregunta se me apareció de repente. El contexto de este nacimiento intelectual fue la clásica escena de un bebé rodeado de personas mayores, todas ellas emocionadas hasta el punto de estar dispuestas a hacer cualquier gansada sin sentir vergüenza. Tal vez el alcohol asistente afectaba, pero era la presencia silenciosa del niño la única capaz de transformar la realidad que le rodeaba, y de una forma tan compleja como complejas son las ecuaciones de Einstein sobre la curvatura del espacio-tiempo producidas por un planeta en su entorno. Este bebé (y tantos otros) producen en su microcosmos social una alteración mucho mayor de la que p...