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Políticamente Incorrecto

Hay muchos tipos de idioteces: idioteces aisladas y extendidas, idioteces ignorantes y de buena voluntad; idioteces disimuladas y silenciosas, idioteces deslenguadas e irreverentes; idioteces sociales, políticas y económicas; idioteces repetidas, idioteces permisibles y hasta comúnmente aceptadas; idioteces que hacen reír, idioteces que molestan, y las peores de todas, las idioteces idiotas, las que doliendo y jodiendo, tambalean las propias ideas, convicciones y creencias, y las destruyen y las cambian, y las purifican, y en ocasiones hasta las hacen más fuertes. En el mundo de las idioteces, en la sociedad idiotizada, en la Iglesia, también y por qué no, bañada de idiotez, emergen mujeres y hombres como yo: iluminados y ambiguos, críticos espectadores del circo del idiotismo, charlatanes malhumorados, idiotas participantes.

Aparato Fonador

Hace varios años, cuando aún estudiaba la secundaria, recuerdo haber escuchado a mi profesora decir apasionada que el descubrimiento más importante de la historia del ser humano es el descubrimiento del aparato fonador. Menuda chorrada, menuda idiotez, menudo disparate, afirmábamos los alumnos con nuestra mirada y nuestra sonrisa irónica. Ha pasado el tiempo, muchas palabras me han afectado y me han llegado hondo, y debo decir que tal vez mi profesora tenía razón. La palabra es eficaz, la palabra es creadora; la palabra es instrumento, es motivo, es fuente y luz. La palabra es capaz de matar y de dar vida. La palabra es fuerte. La palabra es la historia de los hombres, la vida de los hombres, el horizonte de los hombres. Siento un profundo miedo, miedo a diluir el poder de la palabra a fuerza de repetir; miedo a que esa repetición haga a la palabra vacía y desgaste mi corazón.  

ECO

Hola Martín: Muy potente. Me voy a poner a trabajar, para luego consumir, no vaya a ser que se enfaden los mercados. Todas las mañanas al levantarme, pongo las noticias, preocupado por saber si la prima mejora. Estoy hecho un lío, cuando oigo que el consumo baja, tengo que consumir más. Si la bolsa baja, tengo que rendir más aún, en el trabajo, para intentar que la productividad suba. Si la noticia es que el endeudamiento privado es muy grande, me pongo a ahorrar, para mejorarlo. Alemania exige austeridad; en vez de comprar tres vienas, compro dos. El banco Sabadell gana un 5% menos, ¡no sé a dónde vamos a ir a parar! La economía sumergida se ha duplicado en el último año. Me dan ganas de denunciar al negro Mohamed, que vende pañuelos en el semáforo del campo de Betis. Le advierto que él es uno de los culpables de ésta situación y que es la última vez que le compro, sin su correspondiente factura con iva. Me planteo el denunciarlo. El gasto sanitario es insostenible...

Sumérgete

Leer la prensa y criticar la economía sumergida es más fácil que leer las calles y encontrar a las personas que la economía sumerge. Escuchar la radio y convencerse de la necesidad de consumir para el bien de los mercados es más fácil que conversar con el parado consumido por las deudas. Ver la tele y aprobar medidas destinadas a colmar la sed de los mercados es más fácil que dejarse interpelar por la vida de tantos que, conociendo el nombre y la sed de sus vecinos, comparten con ellos una merienda y algo de leche para los niños. Hay muchas personas sencillas y valientes, capaces de elegir, en la dificultad, lo difícil. En estos tiempos que corren... ¿qué paso daremos nosotros ?

Aprendizaje

En el principio quise ser grande... Me hice discípulo de mí mismo para poder ser así maestro de alguien. Pero yo no supo enseñarme nada y tampoco quise yo escucharle a mí. Luego quise ser pequeño... Me hice maestro de mí mismo creyendo que sería así un buen discípulo. Pero yo no supe enseñarle nada a mí y tampoco yo quiso enseñarme. Ahora, sencillamente, sé: no soy buen guía de mí mismo ni estoy hecho para maestro.

Acróstico

H ermana de la memoria , I magen del acto humano; S emilla de mi utopía , T ronco cortado y sano. O lvidada con los pobres , R einventada por la mano I nvisible del dinero ; A nalista de tiranos.

14

Marcos Díaz trabajaba mucho, y quiso tomar unas vacaciones. Dejó su maletín y su nombre y agarró el avión en Barcelona. Hizo escalas en Londres y Nueva Delhi, para aterrizar finalmente en Bangkok. Aquella noche se puso elegante y salió del hotel, decidido a pasar un buen rato. Mujeres, baile, música y alcohol. Drogas, sexo, luces y anonimato. Pasados tres días, Marcos retornó a casa, se puso de nuevo el nombre y volvió a la oficina. Estuvo unos días tranquilo, en la falsa paz de quien no quería saber que 14 eran los años de la niña con la que se acostó, 14 las horas que trabajó aquel día el niño que tejió su traje, y 14 los días que le quedaban para morir de egoísmo, de tristeza y de un disparo. La Iglesia se llenó en su funeral. Grande fue el lamento y grandes las herencias. Su muerte, como su vida, valió más que la de los niños tumbados por las balas de las armas que le hicieron rico. 16 abril, día internacional contra la esclavitud infantil Actualme...