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Perspectiva vergonzante

Un mundo en crisis, advierte el telediario, un mundo enfermo, escribe el poeta, un mundo patas arriba, cita aquel, un mundo en guerra, anuncia el pacifista; Un mundo raro, menciona la canción, un mundo pecador, grita el profeta, un mundo desigual, recuerda la ONG, un mundo con recursos, protesta el ecologista. Y un falso psicólogo, por encima del bien y del mal, por encima del mundo y de todos, se atreve a afirmar: "Ponte guapo, mírate al espejo, sonríe. El mundo hoy es feliz."

Llueve en las calles

Llovía, y la lluvia fue la excusa para ponerme una bufanda en la cabeza sin temores ni vergüenzas. Llovía, y la lluvia me animó a tomar el camino más corto a casa: callejear por el barrio, atravesando calles transformadas por los años bajo el único amparo de la ley del libre albedrío. Llovía, y la lluvia hizo que tampoco me sorprendiesen los tapados rostros de un joven y un niño quienes, en la noche, bajo el agua, me preguntaban la hora. Llovía, y la lluvia y el miedo no les permitió descubrirse y tenderme la mano cuando quise saber sus nombres; ellos prefirieron seguir con su interrogatorio, pasando de la hora a la cartera, de la cartera al dinero. Llovía, mas no sólo llovía. Llueve. Llueve en la vida de estos chicos anónimos que, sin saberlo, hoy se entrenan para delincuentes. Nadie les ha enseñado aún que son grandes, que tienen un nombre. Llueve en la vida de sus familias, ¡llueve a cántaros!, y algo me dice que ni hoy, ni tampoco mañana, 20N, ningún pez gordo se...

Las risas y las historias

Al abrir los ojos descubrí la presencia de una hormiga que caminaba junto a mis pies, muy cerca, muy pequeñita. Pensé moverla, obstaculizarla, jugar con ella, y hasta aplastarla siguiendo un bajo instinto. Mientras planeaba mi actuación, vi que ella se movía con libertad, de modo que, simplemente, contemplé con alegría, como contempla el creador a sus criaturas. Y, al mover un pie, vi una hormiga que había permanecido aprisionada, y supe que no sobreviviría, y lloré su vida como llora el creador la muerte de sus criaturas. Y vi también cómo otra hormiga se acercaba a su hermana maltrecha. Ambas, abrumadas por el misterio de la muerte, compartieron las últimas risas y las últimas historias. Qué horrible debe ser tener tanto poder como para aprisionar bajo los propios pies a sociedades enteras. Ojalá los hombres y mujeres, maltrechos, hermanos y abrumados ante los misterios, no olvidemos compartir, como las hormigas, las risas y las historias.

Soltar amarras

La Alhambra iluminada , J.Mª Alonso Hace dos años llegué a Granada. Dejaba atrás varias casas y muchas cosas, algunas de las cuales ya hacía un tiempo que había ido dejando. En estos dos años he ido recorriendo ese más largo camino: el que va de la cabeza al corazón. Porque aunque desde el inicio llamara a esta mi ciudad, mi casa, he necesitado mucho tiempo, y hasta una reforma, para sentir éste como mi hogar. Porque aunque dijera que lo que quedó atrás atrás quedó, no siempre he sabido soltar amarras. Porque, aún hoy, marco a menudo el 954 y miro a otro lugar al ver el mapa del tiempo el televisión. Porque, hasta hace pocos meses, me echaban de menos en otros lugares, pero no en mi barrio, en la Paz, en Granada. Porque se necesita tiempo para construir pasados nuevos, pasados que compartan lugares con los presentes. Porque el corazón se adapta a su ritmo, y las personas cambiamos despacito. Y ahora que comienzo a echar raíces, leo un lindo cuentito...

Crónica de infortunios

Hace dos semanas la luz de la entrada del baño comenzó a parpadear. Es cierto que en un principio me alegró el recuerdo de esos focos cegadores de las discotecas pasadas. Bueno, sé que eso último es raro, pero hay algo normal en esta historia: también me acordé de Einstein con su teoría de la dualidad onda-partícula del haz de luz. Pero la tercera razón-recuerdo que yo esperaba nunca llegó, y consideré más oportuno tratar de mantener esa luz apagada hasta nueva orden. Tras muchos esfuerzos, el porcentaje de encendidos es ya inferior al 50%, lo cual hace que el baño deje de ser para mí una fuente de enfados constantes y se convierta de nuevo en un lugar relativamente apacible. De momento, no habrá nuevas ordenes en lo referente a la reposición lumínica. La semana pasada, el martes, fue mi oído el que sufrió gravemente al dispararse la alarma del ambulatorio. El incidente afectó a bastantes personas, las cuales reaccionaron con multitud de actuaciones: quejas, manos a los oídos, búsque...

Desarraigo

Mi pueblo, mi patria, mi tierra... Mi pueblo a veces no me parece más que gente muy sola. Mi patria ha estado tan dividida que no sé en qué lado me quedé, si es que me quedé en alguno. Mi tierra es de cemento y deja salir, pero no entrar. Mis  raíces cruzan el charco. Y mi bobo corazón, no sabiendo dónde latir, lo hace con los sin pueblo, los sin patria, los sin tierra, exiliados, extranjeros, emigrantes, deportados. Mi pueblo, mi patria, mi tierra... La imagen es una muestra de la obra de Quely Scherman , bonaerense residente en Israel, cuya obra se refiere a las vivencias sociales.  http://fis.ucalgary.ca/ACH/Registro/Quely_Scherman/

Inadaptado

Creyéndome el dueño del mundo, agarro una pluma que alguien me regaló inscribiendo en ella el nombre que al nacer me pusieron. Me siento en una silla que no podría fabricar, en una habitación que no sabría construir, y me pongo a escribir en un papel salido de un árbol que no planté, un papel que pondré en el contenedor de reciclado, desligándome de su proceso posterior. Y me llaman a un móvil que no sé por qué suena y, al avanzar en las palabras, me voy sintiendo menos dueño, más vulnerable. Y me desconcierta la idea de que los hombres y mujeres más cercanos al mundo, los más capaces de vivir en él, son precisamente los desheredados de todo, los que sobreviven dificilmente, los jodidos. Entonces, avergonzado, enciendo el ordenador y me declaro enfermo de palabrería y culpable de muchas cosas.