Ir al contenido principal

Entradas

Te llamo abuelo

Aquella tarde de invierno del 88 te avisaban de mi venida; yo –en mi ignorancia- lloraba sin saber dónde me adentraba. Hoy, febrero del 14, me cuentan que te marchas, que nos dejas, que casi te has ido. Hoy eres tú quien ronda los umbrales del misterio. Soy yo quien, entre lágrimas de adulto, agradezco tu presencia y trato de soñar para ti el mejor de los futuros, aunque sea ya al otro lado del tiempo, donde sólo quedan el amor y las caricias dadas de formas tan diversas: las caricias de las mañanas de fútbol, las aventuras en el parque, los bollycaos a la salida de la escuela y las comidas de los jueves con Mikel y la abuela. Siempre trataste de ser fuerte, tal vez por eso quisiste desde el principio que tus nietos no te llamásemos abuelo, sino Quique. Yo, ahora, mientras voy despidiéndome de ti, mientras te siento frágil y viejo, te llamo abuelo. No sé dónde vas, dónde entras, dónde naces, pero pido a Dios por todo lo que nos dejas: una vida de la que seguir aprendie...

A nuestro lado

Necesitamos a nuestro lado Ciegos que no aprecien nuestras máscaras, Ingenuos por opción que no den de antemano ninguna respuesta sobre eso que somos. Necesitamos a nuestro lado Viejos que afronten con honestidad el peso de sus años y fracasos, Locos confiados que no tengan miedo a caminar descalzos por el barro. Necesitamos a nuestro lado Hombres Esperanzados en la realización de las posibilidades más remotas, Creyentes y Testigos de una oferta de perdón capaz de sanar los corazones empedrados y los rostros más fríos. A propósito de la película finlandesa Cartas al Padre Jacob, del director Klaus Härö, Sinopsis en Filmaffinity

Mujeres

Cada mañana disimulaba sus joyas y su alegría al saludar a Basilica, rumana venida a menos, pedigüeña frecuente del portal número 7, madre como ella. Cada mañana aparcaba su ferrari a la puerta de la panadería de Manolo, y debía afrontar la vergüenza y la pobreza de tener mucho más de lo que jamás podría aprovechar. Ella, como Basilica, encontraba la riqueza al otro lado de las cosas. A Lola, filósofa y compañera.

Autobiografía breve

Desafiando toda norma en aquel día de lluvia, tres niños pasaron el recreo jugando bajo la lluvia. Dos horas de rebelión y de poesía. Hoy, uno de ellos se mueve entre palabras -cuentan que publicaron su novela- mientras otro suspira con acordes. Luego estoy yo, torpe aprendiz de la esperanza, loco que ha encontrado una linterna y quiere con ella adentrarse en la espesura...

Una virgen joven

Una Virgen Joven. Una Virgen desposada con un hombre llamado José. Joven, muy joven, apenas quinceañera, con su corazón en el corazón del pueblo, eternamente esclavo; Con sus lindas manos curtidas y morenas por el sol y el trabajo, y con los ojos cargados de amor y de misterio ante el misterio de un amor que no es ajeno, ante la cercanía de Jesús, el Dios anejo. Joven, muy joven, apenas quinceañera, con su vientre engrandecido por el pataleo de un niño que aún espera, por Dios que, conmovido desea al fin, con dedos de hombre tocar la tierra. Joven, muy joven apenas quinceañera, con la frescura de una niña y la sinceridad de una hermana, con el amor de una madre y la fe de una abuela. Joven, muy joven, apenas quinceañera, abandonada como tantas, mas con suerte: su abandono no será jamás de muerte, el manto del Señor cubrirá sus dudas y su frío. Apenas quinceañera. Joven, muy joven, pero vieja. Una Virgen transformada en la noche de Belén,...

25

Cómo no acordarme al envejecer de quienes me alimentaron. Cómo dudar al madurar de quienes sembraron las semillas. Cómo dejar en el olvido a quienes conmigo compartieron panes y sueños. Cómo no traer de nuevo a mi vida todas esas muertes y ese fuego. Cómo cumplir 25 sin susurrar siquiera el nombre de quien, al cumplir 25, cumplió por última vez...

Emoción en la arena

La emoción de las raices, la tierra, la música y el mate, la alegría de la historia andada;    La arena y las pisadas de quienes nos precedieron, y son ahora también polvo. El clamor existencial que lloró mi hermano Pedro con sonetos; el corazón que se eleva y canta a los vivos y a los muertos, sabiendo que junto al dolor y el hambre de los niños descansan, sin dormir, el sueño y la esperanza:  el grito penúltimo de Dios que, habiendo querido nacer pobre, nos trae un nuevo impulso hacia el desierto. Es por esta emoción por la que callo, es por ella que casi apenas digo, es por ella que aún sueño, por ella que vivo, espero y amo. Amén.