Ir al contenido principal

Zapatos Gastados


 Recuerdo con qué esfuerzo mis dedos
aprendían a atar los cordones
de los zapatos, y la ilusión
de tener unos zapatos nuevos,
y la novedad que supuso recorrer,
por vez primera, el camino a la panadería;
Y recuerdo que no fue pan rallado
lo que compré, sino queso,
y me recuerdo deshaciendo
el camino andado.

Zapatos, caminos, años.

Recuerdo caminar apresurado a casa,
en busca de un par de zapatos
con los que jugar al fútbol,
fútbol que jugué tantos años.

Correr, buscar, olvidar.

Recuerdo los caminos ocultos
de quienes hace ya años
gastaron sus zapatos corriendo
en busca de los olvidados
que morían sin compañía.

Gastar, acompañar, morir.

Recuerdo a hombres y mujeres,
amigas, hermanos;
a quienes se les gastó la vida
   y murieron,
      y se fueron,
y siguen,
   de otra forma,
      acompañándonos.

Seguir, vivir, irse.

Y vivir es seguir yendo,
seguir gastando zapatos,
jugando al fútbol,
corriendo en busca de los olvidados,
emprendiendo caminos.

Y vivir es combatir, recordando,
el silencio de la muerte.
Y vivir es caminar,
   esperar,
      sonreír.

De qué nos sirve ganarlo casi todo...
...si casi nada de lo bello
se alcanza con grandes victorias.

Comentarios

  1. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Todo ha cambiado

  Cada cierto tiempo alguien me dice: Martín, ¿ya no publicas lo que escribes, o es que has dejado de escribir? No tengo respuesta. O sí. A veces uno tiene necesidad de vivir, y a veces de pensar lo vivido. Y este tiempo, quizá, he estado ocupado. O perdido. O enfocado. O distraído. Qué más da. Hoy escribo para ti, así que prefiero no desvelarte lo que es mío. Necesito que antes recuperemos la confianza. Han pasado dos años. Dos años desde la última vez. Enero de 2020. Y me enfrento a ti, lector, y a mí mismo, con el pudor de dos antiguos amigos que, compartiendo mesa en la boda de un pariente lejano, se observan, como tratando de descifrar los restos de un pasado compartido, las marcas de tropezones en la cancha, pedradas en el parque, estrellas en el alma.   -¿En serio eres tú?- nos preguntamos sin apenas decir. Todo ha cambiado. Todos hemos cambiado. Te miro, mientras suena la música. Te miro y no sé quién soy. -¿Qué tal te fue la guerra? -pregunto. Poco después me arrepien...

No te rías si te hablo del satisfyer

  Nutrición, relación,  fin de curso. Nutrición, relación, fin de curso. Nutrición, relación, fin de curso. Año tras año, el mismo maldito orden en el temario de Biología y Geología. El destino -por no culpar a nadie- que mantenía a los alumnos a la espera de llegar por fin al tema tabú, el que despertaba las reveladoras sonrisas, el sexo. Bueno, sí, oficialmente "reproducción". Pero para todos, el sexo. Tantas cosas han cambiado. Las escuelas se llenan de letras que se explican con más normalidad cada vez. La L. La G. La T. La B. La I. Y hasta la A y la Q en ocasiones. ¡Lo que saben los niños de hoy en día! Todo cambia, y es necesario que seamos nosotros los que cambiemos. Si no, lo harán otros. Y una manera de cambiar es vencer los tabús, las risillas tontas que insinúan curiosidades no resueltas, miedos escondidos y culpas estancadas. Yo ya he empezado. El otro día, sin ir más lejos, en una conversación con adultos, usé la palabra de moda: "sa...

El falso túnel

La joven empresaria acabó el dulce y apuró la taza. No le gustaba viajar, le molestaba tener que estar sola. Hacía dos meses que lo había dejado con su último novio, y le atemorizaba tener que ir a ningún sitio. Pasó la servilleta por sus labios, la dobló cuidadosamente y la colocó bajo el vacío recipiente antes lleno de un aromático té marroquí. Ella siempre soñó ser un papel lanzado al aire, libre y con un mensaje liberador, pero se descubría como aquella servilleta; se sentía utilizada, controlada, encerrada, aplastada. No se permitió llorar. Dirigió una tosca mirada al camarero y, con un leve movimiento de manos, le hizo saber que había terminado. El camarero retiró la taza y el plato. Entonces se acercó a ella y la miró. La empresaria triste esperaba que él preguntase algo. Si lo hubiera hecho, ella habría dado una respuesta esquiva y fría, pero no fue así. Él tan sólo la miraba, haciéndole entrar en un ámbito de confianza. Tenían muchas cosas en común. Sus vida...