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Esperanza en medio del asfalto

Durante 22 años sólo he vivido en 2 ciudades, Granada y Sevilla, ambas lo suficientemente asfaltadas como para creer que todo en la vida es el hombre, pero también lo suficientemente habitadas como para que abunden los excluidos, los ancianos solos, los jóvenes enganchados, los divorciados que piden comida, los inmigrantes cuyo trabajo es a veces perseguido por el trabajo de los policías, las mujeres sin recursos, los niños en la calle, la indiferencia de quienes no nos damos cuenta. En concreto, en Granada la tasa de paro es una de las más altas de España, creo que en torno al 30%. Estos problemas se concentran además en algunas zonas, como el polígono Almanjayar, donde yo vivo. Ante esta situación, y ante muchas otras, hay muchas posibles reacciones. - Negar su existencia, alegando que "si no lo veo, si no lo conozco, si no me pilla cerca, entonces no existe". Conozco bien esta reacción porque, aunque quiero vivir con austeridad y estas realidades las tengo aquí mismo (...

Pensar como piensa quien no piensa como yo

ADVERTENCIA: en esta entrada trataré de pensar no como siempre he pensado, sino de forma opuesta. Pensaré como puede pensar quien no piensa como yo. De modo que tranquilo, no quiero convencerte de aquello que no pienso, sólo invitarte a pensar por un momento como a menudo tampoco tú mismo piensas para que así, cuando vuelvas a pensar, puedas hacerlo con mayor libertad. Y pensaremos la política. Por un lado, siempre me ha gustado lo singular y novedoso, pero debo reconocer que soy un hijo de mi tiempo. Uno de los rasgos más característicos de mi generación tal vez sea el desencanto ante la política, y he participado de ese desencanto desde la adolescencia. Por otro, he experimentado un cambio, motivado esencialmente por dos factores. El primero, haber escuchado algunas frases en este último año: esa que afirma que "tenemos los políticos que nos merecemos" o esa otra que dice que "meternos con los políticos es la mejor forma de meternos con nosotros mismos pero ...

El último profeta

La excusa para la anterior entrada del blog fue la manzana. Desde ella reflexionaba sobre cómo nos enfrentamos a la vida y sobre lo que nos enseña la sociedad. Hoy, la táctica será el "pero", esa mágica palabra capaz de tender puentes entre bellas frases capaces de hacer vibrar al más insensible y feroces críticas que tambalean al mejor plantado. Veamos. Tengo un amigo muy inteligente que estudia periodismo en Madrid, normalmente veo el telediario en casa después de comer, leo el periódico casi a diario e incluso llevo una pulserita de esas que puso de moda la periodista y novia del año 2010. PEEEEEROOOO.... Pero lo reconozco, me indigno casi todos los días con las noticias, viendo cómo lo que llamamos telediario a menudo no pasa de ser televenta. Me indigna el morboso trato que dan a muchos sucesos, sin olvidar cómo en Antena 3 a las 15:25 tiene lugar la "noticia picantona" (así la bautizaron en mi casa). Me indigna que cada año repitan lo mismo, cambiando sólo ...

La paradoja de la manzana

La vida está llena de paradojas, y creo que en el símbolo de la manzana se resume una bastante común. La paradoja de la manzana. Mi nacimiento no fue tan peculiar como el de Gila (“ mamá, que he nacido ”). Algunos se alegraron, y la mayoría permaneció indiferente. Yo era muy distinto por aquel entonces (finales de los 80). No sufría por tener que levantarme temprano, y tampoco me gustaba quedarme trabajando de noche. No entendía a los filósofos. Ni siquiera sabía leer. Solamente entendía a mi abuela con sus expresiones de abuela: como ese sonoro “ ajajayyyyy ” acompañado de un rápido “ qué-bonito-es ” y de asfixiantes muestras de cariño. De hecho, tardé unos meses llegar saber qué era eso de “ qué bonito es ”. Todo era muy sencillo en los primeros tiempos de mi vivir en la tierra. Yo no tenía dientes, pero tampoco me hacían falta. Todo lo que me daban era líquido. Primero leche y agua, después un rico batido de manzana y plátano. Poco a poco la cabeza me fue creciendo. Yo no paraba...

Lo grande a menudo se esconde

Encuentro de Claretianos de la provincia bética Vivo en granada, en una comunidad de misioneros, junto a 30 claretianos más. Por un lado, jóvenes de áfrica, europa y asia; por otro, formadores, capellanes, sacerdotes de una parroquia, profesores de la facultad,...; por último, los misioneros mayores de esta zona del mundo (provincia bética). Pues bien, el viernes pasado, mientras desayunábamos, alguien comentó que uno de los mayores, el hermano Pedro (Pedrito), había pasado muy mala noche y se encontraba enfermo. Él tiene bastantes años (87), muchos achaques y alguna enfermedad. Quizá no sea él quien acuda a la mente de quien escucha la palabra misionero, más fácilmente asociable a un hombre de unos 40 o 45 años, residente en áfrica o américa latina y fundador incansable de escuelas y comedores sociales, viajando de un lado para otro con su Land Rover destartalado entre jirafas e hipopótamos. Pero no siempre es así. Las cosas grandes que conmueven a tanta gente (sea en docume...

Buscando Buenas Noticias en la basura

Pienso que la mejor manera de empezar a escribir es hablar de algo con lo que esté de acuerdo todo posible lector. Pero, ¿cómo hacerlo en una sociedad marcada de forma cada vez mayor por pluralismos de todo tipo? En opiniones no estaremos de acuerdo (monarquía-república, madrid-barcelona, justicia-libertad, 18-21, matrimonio-unión civil, muerte digna-provocada, sí-no, solo-con leche, PP-PSOE, izquierda-derecha, delante-detrás, 1-2-1-2-3) y casi todo lo que un día fue hecho, entendido como objetivo, hoy corre el peligro de quedar diluido en este mar de opiniones multiformes, donde nadie puede saber siquiera el número aproximado de asistentes a una manifestación. Volviendo al inicio, ¿podría decir algo que pueda admitir al menos un amplio consenso? Creo que sí: NECESITAMOS BUENAS NOTICIAS. Hallé una prueba estos días en una noticia de televisión. Unos nuevos ricos encontraban su boleto ganador entre restos de comida que despreciaban. El asco que sentían tan solo pudo ser v...