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Viajar

El placer de viajar. La paz. La ausencia de relojes. La fuerza del tiempo. La certeza del movimiento, del camino y el juego. La confianza y la experiencia de que cuando más recorremos es cuando vivimos despiertos y cuando viajamos quietos.

Escribir de a una

Pensar pienso mucho y muchas veces. No pienses tanto -me dicen- y es que casi siempre voy pensando. Escribir, en cambio, escribo poco; poco pero de a una . Porque escribir no es algo que se hace, escribir es hablar hacia fuera con la entraña, y nadie habla dos veces, y nadie borra con goma el aire ni las palabras que, una vez escritas, al viento pertenecen. Escribir no es pensar. Escribir es otra cosa.

Amor

El amor es bello, pero no siempre es ligero. El amor pesa cuando viene en forma de muerte compartida, cuando se acerca de repente como culpa ajena que hemos de callar, cuando nos acompaña en la rudeza cotidiana o cuando nos invita a mirar con frescura a quien conocemos en todas sus faltas. El amor pesa a veces, y a veces pesa mucho el amor. A veces le quitamos letras al amor para que no pese tanto, y entonces el amor no habla de amor, sino de amos y esclavos, y ya no es amor el amor. Pero otras veces el amor es amor, con todas sus letras, aunque pese. Y es que el amor no siempre es ligero, pero es bello el amor...  ...cuando es amor.

Vida compartida

                   Alfonso, después de casi 5 años compartiendo hogar –comunidad claretiana de granada- hoy te marchas a otra casa, allá en lo alto. Una alegría serena crece en mi interior cuando te siento, cuando recuerdo tus chascarrillos cotidianos, tu sensibilidad hacia los más pobres y tus andanzas por las tierras de Filipinas, tierras en las que naciste por segunda vez, y tierras que guardaste en tus bolsillos hasta tu último latido.    No es extraño que tu último comentario en Facebook estuviese dedicado a la designación de un nuevo cardenal en Mindanao (Filipinas), noticia que “te alegró mucho”. Ni es extraño tampoco que al enterarse John Louie Guades (claretiano de filipinas) se sorprendiera de tu pronta partida (“¡¡si ayer mismo me envió unos correos!!”)    Gracias, “Alfons”, por el regalo de tu vida compartida. Ha sido una suerte compartir tantas comidas...

Te llamo abuelo

Aquella tarde de invierno del 88 te avisaban de mi venida; yo –en mi ignorancia- lloraba sin saber dónde me adentraba. Hoy, febrero del 14, me cuentan que te marchas, que nos dejas, que casi te has ido. Hoy eres tú quien ronda los umbrales del misterio. Soy yo quien, entre lágrimas de adulto, agradezco tu presencia y trato de soñar para ti el mejor de los futuros, aunque sea ya al otro lado del tiempo, donde sólo quedan el amor y las caricias dadas de formas tan diversas: las caricias de las mañanas de fútbol, las aventuras en el parque, los bollycaos a la salida de la escuela y las comidas de los jueves con Mikel y la abuela. Siempre trataste de ser fuerte, tal vez por eso quisiste desde el principio que tus nietos no te llamásemos abuelo, sino Quique. Yo, ahora, mientras voy despidiéndome de ti, mientras te siento frágil y viejo, te llamo abuelo. No sé dónde vas, dónde entras, dónde naces, pero pido a Dios por todo lo que nos dejas: una vida de la que seguir aprendie...

A nuestro lado

Necesitamos a nuestro lado Ciegos que no aprecien nuestras máscaras, Ingenuos por opción que no den de antemano ninguna respuesta sobre eso que somos. Necesitamos a nuestro lado Viejos que afronten con honestidad el peso de sus años y fracasos, Locos confiados que no tengan miedo a caminar descalzos por el barro. Necesitamos a nuestro lado Hombres Esperanzados en la realización de las posibilidades más remotas, Creyentes y Testigos de una oferta de perdón capaz de sanar los corazones empedrados y los rostros más fríos. A propósito de la película finlandesa Cartas al Padre Jacob, del director Klaus Härö, Sinopsis en Filmaffinity

Mujeres

Cada mañana disimulaba sus joyas y su alegría al saludar a Basilica, rumana venida a menos, pedigüeña frecuente del portal número 7, madre como ella. Cada mañana aparcaba su ferrari a la puerta de la panadería de Manolo, y debía afrontar la vergüenza y la pobreza de tener mucho más de lo que jamás podría aprovechar. Ella, como Basilica, encontraba la riqueza al otro lado de las cosas. A Lola, filósofa y compañera.